‘La tortuga roja’, vida plena en una isla desierta

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Diez años de trabajo ha llevado realizar la primera película de Studio Ghibli fuera de Japón. Esta coproducción extranjera ha tomado forma concretamente en estudios franceses y bajo la dirección del animador holandés Dudok de Wit, galardonado con un Óscar y un BAFTA al mejor cortometraje de animación por Father and Daugter.

Un esmero que se refleja en La tortuga roja transmitiendo la esencia de la firma nipona y valores como el amor, la amistad, la tolerancia o el respeto a la naturaleza y el medioambiente, asociados a sus producciones. El esfuerzo de una década que merece la pena disfrutar en una sala de cine ya que la experiencia va más allá de a la que nos tiene acostumbrada una película de animación. Por ejemplo, mi sensación es la de haber salido de la proyección con una calma interior inusual, como si estuviese en armonía con el universo. Y es que en esa línea va la historia del film.

Con un trazo limpio y minimalista y una paleta de colores armoniosa y escueta, cuenta la experiencia de un náufrago solitario en una isla deshabitada custodiada por una misteriosa tortuga roja. Después de asegurarse de que solo lo acompañan animales y vegetación en aquél trozo de tierra, el marinero construye una balsa e intenta salir de allí navegando sin fortuna. En un punto determinado, siempre lo detiene el mismo reptil sin saber porqué.

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No obstante, atrapado en la isla consigue tener una vida plena (con mujer e hijo incluidos) mostrando así al espectador el ciclo de la vida del ser humano. Demostrando así que con instinto de superación (pues también existen peligros y desgracias en el relato) y en comunión con la naturaleza se puede ser feliz. Además la película es muda, todo el peso de la interpretación recae en las formas y dibujos capaces de transmitir las emociones más básicas, pero a la vez más complejas, de las personas. A este menester ayudan los sonidos naturales (el constante rumor de las olas del mar, las ramas sacudidas por el viento o los graznidos de las gaviotas) estupendamente integrados en una sosegada banda sonora de Laurent Perez del Mar. Por otro lado, es destacable el toque simpático y gracioso que aporta un grupo de cangrejos que acompaña, en muchos momentos, al protagonista.

En La tortuga roja, el quelonio concuerda con las creencias asiáticas (sobre todo chinas y japonesas) como portador de buen agüero y símbolo de longevidad, sabiduría, estabilidad y prosperidad. El tótem de la tortuga se relaciona con el “estar seguro y estable”, destino que la criatura concede al afligido náufrago.

A pesar de contar con el favor de la crítica especializada y de que me haya parecido una delicia, La tortuga roja es un filme no apto para todos los gustos. Pues, el ritmo lento, la falta de diálogos y las acciones reposadas pueden hacer entrar en sueño profundo a más de uno.

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Acerca de Saül Ivars

Soy el Kurt Sutter del blog Desde el sofá - Cine y TV https://desdeelsofacineytv.com/ (creador, administrador, redactor y relaciones públicas y digitales). Periodista multifuncional aterrizado en un cómodo sofá (o en su defecto, una butaca de cine) desde el cual veo y comento series de televisión y películas junto con mi compañera.También realizamos sorteos, acudimos a eventos y preestrenos, cubrimos festivales, conferencias y debates en Barcelona. Y ahora, además, compartimos experiencia y opiniones con la gran familia de Mundoplus.tv.

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