“Comanchería”: la elocuencia del desesperado

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“Tres veces en Irak, y ¿Quién nos rescata a nosotros?”(1) Una pintada en el muro de una fea y polvorienta población del sur de Texas; un violín quejumbroso que desgrana una melodía de dolor y derrota; Un coche azul que, como un viejo coyote, busca una presa aislada e indefensa.

A través de un paisaje entrevisto, jalonado de torres de perforación como siniestras aves zancudas, se suceden, impersonales, ciudades a las que la esperanza dio hace años la espalda, asoladas por una pobreza que se maquilla de resignación y fatiga, pero que se anuncia sin pudor en los carteles de préstamo rápido y de venta de fincas.

La banda sonora de Nick Cave y Warren Ellis, de nuevo magistrales en su desmitificación del Oeste, acentúa esa desolación, mientras, cada tanto, una canción alza la voz para darnos la medida de la derrota humana que se masca en cada barra de bar, en cada comedero de carretera, en cada gasolinera cochambrosa.

Con todo ello David Mackenzie va dibujando, en su último largometraje, un mapa de la frontera descorazonador y de una violencia latente, contenida, algo así como el reverso del sueño americano en el territorio mismo del que extrae su esencia, allí donde, en su avance, la civilización, vocablo tan frágil como grandilocuente, se reduce al individuo.

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Las tierras de frontera son espacios propicios para el crimen y la huida. La paradoja de la frontera es precisamente su indefinición. Lo que en los mapas aparece como una línea punteada es, en realidad, una franja de terreno mestizo, donde los conceptos absolutos no tienen cabida y la ley produce tanta desconfianza como el delito. Lo importante es tener la piel dura y saber aguantar. Un ladrón puede ayudarte a pagar la mitad del alquiler y un policía defender al que desahució a tu familia. Los grandes secarrales atravesados tan solo por las carreteras, por las vacadas y por el viento abrasador crean un espacio relativizador de la conducta humana. El paisaje ya es lo suficientemente severo como para tener que mostrar el mismo rigor al juzgar los actos humanos.

Por esos parajes arañados por el hombre a la aridez y a la pradera se mueven los cuatro protagonistas, dos rangers y dos bandidos, en una cacería paciente, morosa, que nos permite comprobar que las diferencias entre los que están a uno y otro lado de la ley, bajo un sol de justicia, son como gabardinas hechas de hielo.

Y es precisamente el ansia desesperada de justicia lo que mueve a los atracadores, mientras uno se pregunta, ¿Qué mueve a los rangers? ¿Acaso la ley? Pero ¿Una ley que se separa de la justicia de un modo tan descarado sigue siendo defendible? Da para un debate, una de las cosas que ha de proponer siempre el cine, el buen cine, al menos.

Y así, en Comanchería –Título español que vierte inteligentemente el original “Hell or high water”, (2) – se funden, sin duda por tratarse de una película de frontera, el cine de crítica social y el cine negro, que en sus comienzos, no lo olvidemos, reflejaba con frecuencia preocupaciones de contenido político, en el más profundo sentido del término. (3)

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“Hace 1.500 años todos éramos indios” Dice en un momento uno de los protagonistas, medio indio, medio mexicano. “Hace 150 años todo esto pertenecía a mis ancestros, luego llegaron tus antepasados y se quedaron con todo. Ahora a sus descendientes también les están quitando todo, pero para conseguirlo no necesitan ejércitos, basta con eso.” Y señala un banco.(4)

Todo seguidor de las películas de atracadores sabe que una de las máximas del género es la convicción de que algo va a salir mal. Puede tratarse de una intuición inmediata, esa especie de sexto sentido cinéfago que nos avisa, nada más ver a los protagonistas, de que aquello está condenado al fracaso. O podemos ir cayendo en la cuenta, a medida que transcurre la historia y se va estrechando el cerco, de ese inexorable destino que acompaña a todo ladrón de bancos. Robar y salir airoso solo ocurre en la política.

Es, en cualquier caso, un rasgo inherente a este tipo de personaje. La derrota va unida a los atracadores como una segunda piel, porque el ladrón de bancos tal vez sea una de las criaturas más libres de la historia del cine, de una libertad insensata, absoluta y no exenta de cierta justicia. Razones de sobra para hacer que cualquier empeño humano termine por fracasar.

El cine de atracadores es, hoy en día, un cine crepuscular por propia definición, como bien se apunta en un diálogo autorreferencial de la propia película: “Es absurdo atracar bancos. Es de otra época, ya nadie atraca bancos y sale huyendo.” Y eso es precisamente lo que hacen los hermanos protagonistas: lo que nadie espera, devolverle el golpe, allí donde más le duele, al sinuoso engaño, el mismo que viste traje y corbata, y de paso hacer circular la sangre por unas venas apelmazadas de pura mansedumbre. Recuperar la libertad, el orgullo de sentirse dueño del propio destino, es también una manera de vencer.

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Hombres que ocultan el rostro con pasamontañas, que tasan la vida en el segundo mismo de cruzar la puerta acristalada de un banco, y que emplean la intimidación como lengua materna (5) son, a su manera, la manifestación de que el mundo, por muy bien que parezca andar, se construye sobre una estructura inestable hecha, a partes iguales, de resignación y de violencia.

En Comanchería asistimos a esa tensión fatídica que acompaña al desesperado y a la efímera nobleza de su gesta, (6) convencidos desde el primer al último fotograma de que en ese empeño por derribar gigantes no importa tanto que David salga triunfante, sino que el filisteo de turno sepa que en cualquier momento una piedra puede volar hacia su frente.

Notas

1. “3 tours in Iraq but no batlout for people like us”

2. Expresión equivalente a nuestro “llueve, truene o relampaguee”. “If you say that you will do something come hell or high water, you mean that you are determined to do it, despite any difficulties that there might be: I’ll get you to the airport by noon, come hell or high water! “(Cambridge dictionary)

3. No olvidemos que Dashiel Hamett, padre de la novela negra era un reconocido activista de izquierdas y miembro desde 1937 del Partido Comunista de los Estados Unidos de América. Por otro lado el Noir fue un género cinematográfico especialmente dañado por la Caza de Brujas del senador McCarthy.

4. Well, people lived in caves for 150,000 years. But they don’t do it no more. Well, maybe your people did. Your people did, too. A long time ago, your ancestors was the Indians, till someone came along and killed them, broke ‘em down, made you into one of them. 150 years ago, all of this was my ancestors’ land. Everything you could see. Everything you saw yesterday. Till the grandparents of these folks took it. And now, it’s been taken from them. Except it ain’t no army doing it. It’s those sons of bitches right there.

5. Everybody, get on the fucking ground! get on the fucking ground! Now!

6. We’re like the Comanches, little brother, raiding where we please with the whole of Texas hunting our shadow. Lord of the plains.

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