“La llegada”: a veces prometen mucho y luego te dan la del pulpo

Arrival2Lo de que una película venga avalada por una buena taquilla y nos defraude es fácil de entender y más aún de aceptar. En ocasiones incluso uno se siente mejor, por eso de formar parte de una minoría exquisita, aunque ni una ni otra cosa garanticen calidad alguna de criterio.

Pero que la crítica sea unánime en su valoración cuando lo que acabamos de ver es un mero blockbuster hace reflexionar. La homogeneidad de opiniones en un mundillo tan discordante como el de la crítica cinematográfica lleva a pensar que hay gato encerrado. Ya le ocurrió a uno con Boyhood y con Whiplash, dos ridiculeces aclamadas con entusiasmo por medio mundo sin saber uno muy bien por qué.  Y vuelve a ocurrir con esta enésima emulación de Encuentros en la tercera fase, ante la que, al parecer, se rinde la crítica mundial. Y de nuevo uno se pregunta eso, ¿por qué?

Y para que la pregunta no suene a pedante cinefilia, ni a falta de sensibilidad hacia el séptimo arte razonaré punto por punto el ¿por qué? de esta perplejidad ante lo que considero una vulgar y pretenciosa película más de extraterrestres.

1- El argumento
La llegada es otra historia más de ese deseo tan humano, frustrado hasta ahora, de contactar con otra forma de vida inteligente venida de algún rincón del vasto y frío universo. Es un tema que el cine ha tratado mucho y de manera irregular, tanto en el tono como en el rigor científico Desde la insuperable 2001 hasta la cachonda Mars attack, desde Ultimatum a la tierra a Independence day, desde el terrorífico Alien al entrañable E.T. cada cual ha aportado, con mayor o menor fortuna, su granito de arena.

En este caso se trata de doce naves extraterrestres con forma de gigantesco gajo de naranja carbonizado, que aterrizan (es un decir) en doce lugares diferentes de nuestro planeta. Cada cual, desde Venezuela a China gestiona su particular contacto como buenamente puede. EEUU, como no podría ser de otro modo, tiene también su ovni posado en un paraje de Nevada, y aquí se centra la historia.

Toda ella gira en torno a la resolución de un problema de comunicación con los extraterrestres, que haberlos haylos. Y ahí se queda varada la acción, sorprendentemente, porque pasada la primera hora la lingüista traída a tal fin ya ha superado el obstáculo, o eso parece, a juzgar por una voz en off incrustada del modo más torpe posible en medio de la narración.

El argumento, trata de enlazar tres tramas paralelas: por un lado la que implica desentrañar el lenguaje de los alienígenas; por otro la amenaza de un conflicto a escala mundial y por último las consecuencias psíquicas del contacto alienígena sobre la protagonista, pero ninguna de las tres genera tensión alguna.

Parece que Eric Heisserer, responsable del guión, y más habituado a moverse en los terrenos del puro terror, se ha encontrado en esta ocasión un poco fuera de lugar manejando una amenaza que, salvo en lo físico, no acaba de materializarse.

Arrival52- Cine y propaganda
Desde sus comienzos el género de ovnis fue un modo de proyección psicológica. Reflejaba la amenaza que suponía para ese garante de las libertades que es EEUU la existencia de regímenes totalitarios más allá de sus fronteras. Una vez ganada la Guerra fría esa utilidad cayó en desuso, no así su empleo para otros menesteres. Uno de los más comunes es mostrarnos cuan poderoso y eficaz es el ejército americano, y cuan poco fiable son los de otras potencias de gatillo fácil. Habrá quien le guste pasarse dos horas contemplando militares en posición de firmes o maravillándose de lo bien que funcionan los “protocolos”  dispuestos para amenazas tan sorprendentes como la que se trata aquí, pero les aseguro que no es mi caso. Tanto “señor, si señor”, tanto despliegue tecnológico, tanto traje mimetizado y tantos soldadotes haciendo signos para sordos mientras empuñan un fusil de asalto no sólo me aburren, me resultan de un cinismo repugnante.

3- La clave está en el final.
Que la película entraña la resolución un misterio es algo que uno acepta sin demasiado convencimiento. La pregunta desde el primer momento es ¿Qué quieren los extraterrestres? Pero tras una hora de metraje sabemos que si no se han liado a desintegrar este planeta es que no piensan hacerlo, por lo tanto uno sospecha, que por algo ha visto mucho y muy mal cine, que hay algo más. Que tanto muestrario de cámaras sobrevoladoras y calamares flotantes sea una excusa para lanzar una sorpresa final, un giro “inesperado” de guión, a la manera de El Sexto sentido. Y así es. No voy a contar cual es porque no gasto tan mala baba, pero baste decir que es tan simple como coger los términos flashback y flashforward e intercambiarlos.

Ahora bien, que todo este despliegue técnico y publicitario sea únicamente para dar cabida a esa idea narrativa, digamos ingeniosa, da bastante pena. Las casi dos horas de La llegada cabrían, contadas mucho mejor, con menos presupuesto y sin tanto melindre en un episodio de la serie Black Mirror, que si que sabe lo que es tratar con respeto a un género tan denostado como la Ciencia ficción.

Pero pedirle respeto por la Ciencia ficción a un director como Denis Villeneuve es mucho pedir, sobre todo cuando está a punto de desenterrar del sueño de los justos Blade Runner, con una continuación que probablemente deleitará a los que no tienen ni idea de lo que significó en su momento la película de Ridley Scott, y que causará horror entre aquellos que queremos que Harrison Ford, por su propio bien, se jubile de una puñetera vez.

Arrival44- Los extraterrestres
Un elemento esencial en el cine de extraterrestres son los susodichos. Pueden ser de tres tipos: manifiestos, insinuados o nunca vistos, y en cualquiera de los tres casos generar emociones diversas que van desde el terror cósmico a la lástima por el hecho de que Dios haya creado una cosa tan fea o ridícula. En La llegada los alienígenas son vistos por primera vez a la media hora de proyección y se les denomina, por razones obvias, heptápodos. Les aseguro que hay pescaderías en Madrid con un género que asusta más que estos cefalópodos levitantes; pero la intención tal vez no fuera infundir miedo sino… ¿extrañeza?. Pues ahí tampoco es que hayan andado muy finos. Los marcianos son una versión modernizada de algo que H.G. Wells ya ideó hace casi 120 años, y desde luego quedan enanos al lado de otras invenciones del género como los “bichos” de Starship troopers, o el Alien de la película homónima.

 5- Atmósfera perturbadora ¿Qué atmósfera? ¿Qué perturbación?
Es bien sabido que algunos críticos resuelven las reseñas con una tabla combinatoria de adjetivos y sustantivos. Los términos más repetidos en los comentarios ya escritos acerca de Arrival son “atmósfera”, “inquietante” o ”perturbadora”. Vamos a ver. Si escribir de cine consiste en dejar una frase bonita para incluirla en el Filmaffinity, el Rotten tomatoes o el propio cartel promocional del estreno mejor dedicarse a otra cosa. Macramé, por ejemplo.

La supuesta atmósfera está creada basicamente por una estridencia sonora de la que es responsable la edición de sonido. Una de esas categorías de los Oscar que la mayoría no sabe muy bien en que consisten. El resto, es decir, la imagen, o eso que los estupendos llaman imaginería, no aporta nada nuevo. Resulta, de hecho, bastante vulgar.

Si por perturbador se entiende la machacona sucesión de imágenes que aturullan a la protagonista, reconoceremos que así es, pero es una perturbación bastante mojigata, como la que produce, en un sentido pleno de la comparación, esos amigos que acaban de tener un hijo y que no dejan de grabar al torpe mocoso con el móvil, convencidos de que el resto de la humanidad comparte su transitoria imbecilidad.

Para lograr un ambiente que te haga sentirte azogado en la butaca de un cine hasta que se enciendan las luces se necesita el talento retorcido de un David Lynch, la narrativa de un Spielberg o el momentáneo estado de gracia de un Jonathan Demme. Denis Villeneuve, director mimado por la crítica donde los haya, está, en este caso, lejos de  cualquiera de esas tres opciones. Nos proporciona un recital de imágenes correcto, pero escasamente amenazador.

6- De ridiculeces sentimentaloides y otras fallas de guión
En el análisis de un guión cinematográfico uno sólo hila fino cuando la historia no funciona. Aburrirse, como bien demostró la filosofía clásica alemana,  conduce a pensar de un modo riguroso, pero en ocasiones excesivo. Tal vez por eso me lanzaré a degüello con dos momentos de esta película que a poco que se analicen causan perplejidad y una miaja de vergüenza ajena.

El primero es la torpeza con la que se trata el tema de la lingüística, que es el eje de la película. Se entiende que ha de ser explicada a un público ignaro, como es el caso, pero tan pronto alterna conceptos de cierta complejidad con decisiones que se le ocurriría a un niño. ¿De verdad que en todo el mundo la protagonista es la única a quien se le ocurre utilizar una pizarra velleda para comunicarse con los alienígenas?

El segundo se da, como suele ser habitual, en la resolución de la paradoja temporal, y con ella la crisis prebélica mundial.  No es solo endeble sino que contiene un elemento emocional ridículo hasta la nausea. En primer lugar porque en un mundo como el que vivimos, donde las filtraciones de información están al orden del día y el espionaje tecnológico alcanza niveles inimaginables, que un alto mando del ejército se crea a pies juntillas una información que viene del enemigo potencial es poco menos que inaceptable.

Y además porque, cursiladas neohippies aparte, pensar que el arsenal nuclear de China pueda activarse por el sentimentalismo rosa de un viudo más que esperanza en la especie humana lo que provoca es pavor; que el general en jefe de una de las mayores potencias mundiales vaya a cambiar la decisión más trascendental de su carrera por una frase dicha por su esposa en el lecho de muerte es como para ponerse a temblar.

Arrival17- Esa cosa tan complicada llamada estilo
Todo lo anterior podría quedar en un segundo plano, en lo que a crítica mordaz se refiere, si la película contase con un estilo personal, cuidado y cautivador. Si la sucesión de imágenes no tuviese ese tufo a videoclip de impostada melancolía, si cada encuadre buscase algo más que ser efectivo. Se puede ser eficaz y crear imágenes inolvidables como Hitchcock o como Sorrentino, o se puede ser del montón y hacer que los productores se froten las manos porque nunca van a tener que vérselas con un encuadre inesperado.

Nada aporta, por otro lado, la poca entidad de las interpretaciones, caso de un Jeremy Renner que no se sabe muy bien que pinta ahí, o de un Forest Whitaker al que sin duda le vendrá muy bien el cheque. En cuanto a Amy Adams, es una buena actriz, pero si consigue que le den un Oscar por levantar en volandas a un bebe y meter la cabeza en una escafandra habrá logrado el éxito de su vida.

Villeneuve es un director tremendamente cómodo de ver pero sin una impronta personal manifiesta. Es un director que se ciñe al guión y lo convierte en imágenes con profesionalidad, pero que es intercambiable con otro puñado de directores que se andan ganando las habichuelas por Hollywood. Nada en sus películas se sale de lo previsible, nada nos descoloca. Uno está seguro de que no nos va a dar gato por liebre, pero ¿Qué hay de malo en probar alguna vez un gato?

Un pensamiento en ““La llegada”: a veces prometen mucho y luego te dan la del pulpo

  1. Pos creo que la película no es para pequeñas mentes ya que como fue plasmado en la nota el autor no entendió el sentido de la película. No es una película de extraterrestres ni de guerra entre mundos, el sentido de la película va mas allá, hacia lo humano, hacia el sentir del ser.

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