“El ciudadano ilustre”: no ser profeta en su tierra

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Imaginemos un escritor consagrado al que le dan  el Nobel de literatura. El hombre anda ya mosca porque su inspiración no pasa por su mejor momento y considera el premio como el colofón de su carrera: su retiro.

Anda huraño para conceder entrevistas, da cada vez más portazos a cualquier sugerencia de conferencias y eventos varios.

Y hete aquí que, por auténtica casualidad, pone el foco en una invitación del ayuntamiento de su ciudad natal, lugar que abandonó con gran gozo hace una vida, donde le comunican que le quieren nombrar ciudadano ilustre de la villa y requieren su asistencia.

El no ha vuelto allí desde que partió en su juventud pero aprovechó las experiencias vividas para darles forma en su narrativa, no siendo a menudo muy favorable su visión sobre su ciudad y sus gentes.

Lo que sigue narra las experiencias de todo tipo que el buen hombre vive en su regreso. Algunas surrealistas (todo el viaje de vuelta con el chofer hasta su paseo final en un tractor), otras evocadoras (el reencuentro con su novia de juventud), unas divertidas/gozosas (la “persecución hasta el catre” de que es objeto por parte de una joven seguidora), otras desagradables (es insultado, vituperado y acosado por un representante de las fuerzas vivas de la localidad). Un conglomerado de experiencias que, aún con tintes semitrágicos, le servirá en un futuro para revitalizar su decaida inspiración.

Este argumento que apenas he esbozado (hay muy ricos personajes y situaciones, en calidad y cantidad) es llevado a la pantalla por los directores argentinos Mariano Cohn y Gastón Duprat con claridad de ideas, talento y diversión. El tono de la película oscila impecablemente entre lo cómico y lo dramático, sin apenas transición; de lo introspectivo a lo multitudinario, con cambios imperceptibles que manejan con suma habilidad la dupla citada. Ambos han firmado al alilmón todos sus proyectos hasta la fecha, los cuales incluyen largos, cortos y documentales, siendo su film más conocido en el terreno de la ficción “El hombre de al lado” (2010).

Omnipresente en pantalla el actor Oscar Martinez, ya conocido en nuestro país por filmes anteriores como “El nido vacío”, “Relatos Salvajes”, “Paulina” o “Capitan Koblic” (un señor muy camaleónico, en verdad) dota al escritor, de ricos matices y borda un personaje nada complaciente pero en el que nos reconocemos en su miserias y grandezas.

Un elenco de actores nada conocidos por aquí (a excepción de Nora Navas en un pequeño papel) dan vida al resto de personajes, muy plausibles por su diversidad tonal y la naturalidad que destilan, a la vez que volver a alabar los ya citados continuos cambios de registro (de comedia a drama y viceversa).

En resumen: Muy buena película que bascula con gran habilidad entre comedia y drama y nos hace reflexionar sobre las miserias que aquejan a nuestra sociedad con un humor oscilante entre el blanco y el vitriólico. Muy recomendable.

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