“Solo el fin del mundo”: para bien o para mal, la familia nunca se elige

soloelfindelmundoseff16Cuando acudí al pase de prensa de “Solo el fin del mundo” en esta edición del Festival de Sevilla, me presenté sin conocer la obra de Xavier Dolan. El director de “Mommy” y “Tom á la femme”, se presentaba aquí con un film ganador del Gran Premio del Jurado de Cannes. Una historia de una familia de lo más disfuncional y que cuenta con un gran reparto, un gran aliciente para visionar la película.

Tras doce años de ausencia, un joven escritor (al que da vida Gaspard Ulliel) regresa a su pueblo natal para anunciar a su familia que pronto morirá. Vive entonces un reencuentro con su entorno familiar, una reunión en la que las muestras de cariño son sempiternas discusiones y la manifestación de rencores y reproches.

Porque, con una estructura teatral (no en vano estamos ante una adaptación de la obra de Jean-Luc Lagarce), el antiguo hogar familiar es testigo y protagonista a partes iguales, de este reencuentro que debería significar un momento especial para sus miembros pero que se convierte en todo lo contrario. Durante todo el metraje asistiremos a los intentos de Louis (Gaspard Ulliel) por comunicarse con su familia, pero cada momento que vive a lo largo de la jornada que esta junto a ellos, sólo le recuerda una y otra vez el motivo por el que se marchó hace ya doce años.

Desde una madre (una estupenda Nathalie Baye) que sigue siendo la misma mujer egoísta, que no ve los problemas de sus hijos y que solo vive para sí misma; pasando por el matrimonio formado por Antonie (un extenuante Vincent Cassel) y Catherine (Marion Cotillard), cuyos problemas de convivencia salen a relucir, entre la violencia verbal y física de él y la tristeza de las palabras y las miradas de ella; hasta llegar a Catherine (Léa Seydoux), la hermana pequeña que anhela la aprobación de su hermano y que sólo desea partir y dejar atrás como él la asfixiante casa familiar.

Trufada de primeros planos de sus protagonistas, en los que vislumbramos su sufrimiento, ya no solo con sus palabras sino con sus miradas y esos silencios puntuales que nos  sirven de entreacto entre las conversaciones (más bien discusiones) que mantienen los protagonistas. Unas conversaciones llenas de reproches (por el abandono de la hermana menor), de envidias (por el éxito del otro), de egoísmo (materno), de soledad (de una esposa que ya no se siente tal). Y mientras, vemos como Louis no es capaz de enfrentarse a su familia, de hacerles ver que ahora les necesita, que siente miedo por un futuro que se acerca a su final y el reconocimiento finalmente que ha vuelto a sentir lo mismo que en su adolescencia, cuando descubrió que aquel no era su sitio.

En definitiva, “Sólo en el mundo” es un profundo drama familiar en el que destacan las interpretaciones del estupendo reparto, sobre un guion que junto a su aspecto visual intenta implicar al espectador en el sufrimiento de la incomunicación que sufre el protagonista. Y que a ratos lo consigue, y que a ratos se convierte en una jaula de grillos y no precisamente de risas.

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