#Seminci16 | Jornada 7: fin de fiesta

Seminci viernesÚltimas proyecciones de la sección oficial y vísperas del fin de Festival con todo lo que ello conlleva: entrega de galardones, alegrías, decepciones, apuestas marradas y sorpresas gratas. Da lástima que lo bueno se acabe, pero de otro modo cansaría, como ocurre con todo lo que no renueva periódicamente su entusiasmo, como pasará con el festival de cine de Valladolid, que renacerá de nuevo el año próximo. Son ciclos que se repiten y está bien, así es la vida.

Y se cierra este maratón cinéfilo con dos tristezas. Dos películas de esas que te dejan un tanto desamparado, por tratarse de cine que habla de la resignación, que en un tiempo supuestamente combativo como el que nos toca vivir parece siempre una palabra fea, aunque en realidad no lo sea.
El francés Phillipe Lioret (1955) cuenta en Le fils de Jean (el hijo de Jean) una búsqueda de la identidad a través de la recuperación de un padre nunca presente. Basada en la novela de Jean-Paul Dubois Si ce livre pouvait me rapprocher de toi, adolece de un defecto típico de este tipo de relatos: el deseo de contentar a todos y no excederse en la tensión de las situaciones planteadas. Vamos, que no se trata de un Cormac McCarthy. Por eso la película se queda a medio gas, pudiendo haber dado una vuelta de tuerca sin darla.
Mathieu, el protagonista, vive en Francia y es un escritor de cierto renombre. A sus 35 años desconoce quien fue su padre, hasta que Pierre, un amigo de éste, le llama desde Canada para informarle de que ha muerto. Mathieu, para quien su padre nunca ha significado nada acudirá allí movido por la curiosidad, y descubrirá que la lejanía no implica siempre desinterés y que un padre, no por menos conocido representa menos un misterio para un hijo.
En un país que no es el suyo, integrado en una familia que acaba de conocer y a partir de noticias que es incapaz de corroborar, Mathieu irá construyendo una parte de sí mismo, entre el deseo de comprender y el recelo.
Y completamos la muestra con la israelí Sufat Chol (Tormenta de arena) primer largometraje de la directora Elite Zexer. Premiada en Sundance a la mejor película internacional (?) es una historia centrada en una comunidad beduina de las que habitan en territorio de Israel.
Como todas las comunidades cerradas está regida por un código de tradiciones y costumbres que se respeta a rajatabla. El problema, un problema que se ha visto reflejado repetidas veces en esta edición de la SEMINCI, se pone de manifiesto cuando la generación a la que pertenece la población joven, conocedora de lo que ocurre más allá de ese mundo cerrado, reclama la sanísima capacidad de decidir por sí misma.
Y ahí reside el núcleo de la película, y por desgracia toda su enjundia, ya que una vez que se nos ha presentado el conflicto: una hija que quiere decidir libremente con quien casarse y un padre que no lo consiente, éste no avanza. Sabemos cual es el problema, sabemos cual es la postura de cada una de las partes implicadas, y sabemos (o más bien presuponemos) cual será la resolución. Esperamos en vano, sin embargo, algo más.
Elite Zexer, cuenta con unos buenos actores que aportan naturalidad e intensidad a la historia, pero le ha faltado construir una narración más vivaz. La opresión de esa sociedad tribal se nota en exceso y uno se siente incómodo en la butaca ante esa tormenta que no acaba de llegar.
Faltaron por ver un par de películas dentro de la sección oficial, concretamente Réparer les vivants de Katell Quillévéré,, que podremos ver sin duda en la cartelera próxima ya que cuenta con una buena distribución y un plantel bien conocido: entre ellos  Emmanuelle Seigner, Tahar Rahim o Monia Chokri. Y por otro lado, de la brasileña Anna Muylaert, el largometraje Madre sólo hay una, esta última, con una buenísima acogida de público y crítica, pero qué le vamos a hacer, hasta que la clonación no alcance un nivel de desarrollo aceptable lo de estar al mismo tiempo en dos sitios seguirá siendo una fantasía, y entre sección oficial, películas fuera de concurso, retrospectivas, ciclos, documentales, escribir sobre todo ello y dejarse caer por los acogedores bares, tascas, tabernas, figones y comederos de la capital del Pisuerga, uno ha sido incapaz de hallar tiempo para ver todo. Otro año sera.

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