#Seminci16 | Jornada 6: un respiro para la alegría

maravillosafamiliatokio

Se animó el festival con dos comedias. Se agradece, porque el tono general de las obras presentadas en la Seminci tendía a la tristeza y a cierta desesperanza, y si sumamos tanta historia luctuosa al clima otoñal uno acaba deambulando por las calles pucelanas encogido y mustio, preguntándose el porqué de tanto dolor.

Dos comedias de distinto pelaje y procedencia. Una italiana (La Pazza gioia) desquiciada y de risa generosa, y otra japonesa (Maravillosa familia de Tokio) con un humor más contenido pero amplio y cargado de humanidad.

Yoji Yamada es un autor de exquisita ligereza, perteneciente a la segunda hornada de directores de cine japoneses, aquellos nacidos entre los años 20 y 40, y uno de los últimos supervivientes de la generación de los Imamura, Oshima o Teshigahara; un veterano, por lo tanto, que lleva haciendo cine desde los años 60, si bien en nuestro país comienza sobre todo a ser conocido ya en este siglo, a partir de su trilogía de los samuráis (El ocaso del samurái, la espada oculta y Amor & honor).

Maravillosa familia de Tokio nos cuenta en tono de comedia el cataclismo que supone para su entorno el inminente divorcio de un par de abuelos tras cincuenta años de matrimonio. La historia implica a tres generaciones de una misma familia y presenta con una narrativa amable e ingenua las diferentes reacciones de unos y otros ante un mismo problema.

Un tipo de cine que nos acerca a la realidad cotidiana del país asiático para demostrarnos que, tatamis aparte, no  es tanto lo que nos diferencia de ellos y que un abuelo gruñón es tan insoportable en Tokio como en Talavera de la Reina.

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La Pazza Gioia (Locas de alegría) supone, hasta el momento, el desparrame del festival, un soplo de aire fresco en el intenso ambiente de tragedias humanas visto hasta el momento. Paolo Virzi nos presenta a dos personajes entrañables, cada una a su manera; Beatrice y Donatella son dos internas de un sanatorio psiquiátrico que establecen una relación de amistad un tanto particular. Cada una tiene su propio delirio y un dolor pasado, como se irá desvelando a lo largo de la película.

Ésta tiene una estructura de road movie, con fuga, robo de vehículo y autodescubrimiento incluidos, pero con el humor  que uno puede imaginar de los actos de un par de chifladas que andan a la deriva. El ritmo es febril, y crea una comedia sumamente entretenida y no exenta de ciertas dosis de drama. Toda locura oculta siempre un poso de tristeza, un fotograma roto que muestra la persona que pudo haber sido y no es; contarnos esto al mismo tiempo que nos provoca la risa es un mérito más que notable de cualquier director.

Y también de las actrices, que realizan un trabajo sobresaliente, sobre todo Valeria Bruni Tedeschi, en el papel de la insoportable, divertida y aristocrática condesa Beatrice. Una proyección que sin duda llegará a las salas comerciales y que es bueno tener anotada para que no nos pase desapercibida.

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