“Después de la tormenta”: crónica cotidiana del fracaso

  Tormenta02Un tifón, el número 24º en lo que va de año, se aproxima a Japón. Lejos de ser algo terrible es la excusa perfecta para iniciar una conversación anodina con un vecino, una breve alteración de los ritmos diarios marcados por la rutina y la supervivencia a pequeña escala. Para Ryota es la oportunidad de reunir los fragmentos de su familia y tratar de hallar una solución a sus problemas.

La vida de Ryota está atorada. Como un perno mal engrasado todo a su alrededor chirría por culpa suya. Incapaz de superar el divorcio, espía a su ex-mujer y se traga la bilis de los celos al descubrirla con un nuevo novio. Quiere ser un buen padre para su hijo pero es incapaz de reunir la manutención mensual. Vive, lo que es mucho decir, de la gloria de un libro escrito hace años y se gana el sustento, lo que es mucho más decir, en una agencia de detectives donde se embolsa un extra chantajeando clientes. Lleva años trampeando con la existencia y a estas alturas sólo sueña con que un golpe de suerte –ya sea ganar de una vez en las carreras o vender en la tienda de empeños algo de valor– le de un respiro.
La vida de Ryota es un continuo preguntarse “Qué he hecho mal para llegar a esta situación”  y ser incapaz de encontrar respuesta. Su vida es la de tantos que no han sabido ver con claridad el camino y se han perdido contemplando el paisaje, sin acertar a la hora de decidir si detenerse o avanzar. A Ryota como a tantos otros de su edad le falta soltar lastre y tomarse de una vez la vida en serio.

tormenta04Después de la tormenta,  es la crónica sencilla y delicada de una vida echada a perder pero que aún no ha desembocado en el desastre, una crónica que comparte mucho de la vida de cualquiera, banal, si no fuera por esos momentos de clarividencia que se condensan en una reflexión inesperada, en una mirada original sobre algo mil veces contemplado, en una frase memorable. Precisamente una de esas frases, que delatan al  guionista que hay detrás del director, resume la historia de Ryota: “Los hombres se pasan la vida tratando de recuperar algo que creen haber perdido o en busca de un sueño imposible, y así no es posible ser feliz”
Hirokazu Kore-eda pertenece, como Naomi Kawase o Takashi Miike a esa generación de directores japoneses nacida en torno a los años 60. Dotado de una indudable sensibilidad poética que extrae de la realidad presente, sus historias, que él mismo escribe, tratan las fallas de lo cotidiano con una comprensión fuera de lo común, ya se trate de los rencores que afloran en una reunión familiar (Still Walking, 2008), del desamparo de cuatro hermanos abandonados a su suerte (Nadie sabe, 2004), o de un error pasado que trastoca el presente (De tal padre, tal hijo, 2013). La cámara de Kore-eda rebaja siempre la importancia del drama humano, de esa sucesión de pequeños errores, desgracias y torpezas que van determinando el rumbo de sus personajes, y lo sitúa con ternura en el ámbito de lo ordinario, donde todo es más aceptable.
Kore-eda es además un excelente director de actores, y en Después de la tormenta podemos comprobarlo una vez más. Vuelve a contar con Hiroshi Abe, actor de carismática presencia, y en la actualidad uno de los más populares de Japón, y con Kilin Kiki, que interpreta a la madre del protagonista. De ella todo cuanto se diga es poco. Si en Una Pastelería de Tokio nos entraban ganas de sacar del banco los ahorros y montarle un negocio, en Después de la tormenta se reafirma como una actriz dotada de una naturalidad desarmante, capaz de disolver cualquier escena con su presencia y convertirla, más que en una filmación, en un fragmento de vida espiado a hurtadillas. Junto a ellos cuenta también con la atractiva Yoko Maki, en el papel de esa mujer paciente pero deseosa de pasar página de una vez.

Tormenta03“No es bueno envidiar el futuro”, anota en su cuaderno de escritor frustrado Ryota, en otra de esas frases que van construyendo, paso a paso, un entramado de enseñanzas vitales. Ese ansiar la vida de otro no es bueno; bloquea y consuela a partes iguales impidiendo encontrar una solución a los problemas. Y el protagonista, en su torpe deriva, aprenderá que la vida no es otra cosa que el camino transcurrido hasta ese preciso instante presente, con todo lo bueno y malo que ello ha arrastrado. Esa aceptación determinará que, una vez pasada la tormenta, pueda ser capaz de encontrar su propio camino o siga desplazándose en círculos.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *

Puedes usar las siguientes etiquetas y atributos HTML: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <strike> <strong>