#Seminci16 | Jornada 1: La intensidad como factor de identidad cinematográfica

lasfurias

La Semana Internacional del Cine de Valladolid 2016 abrió sus puertas el pasado sábado, y lo hizo en una jornada inaugural caracterizada por la intensidad de las películas proyectadas en la sección oficial. Intensidad que correspondió a la cinta inaugural, la española Las furias, de Miguel del Arco, y sobre todo a la coproducción Eshtabak, del director y guionista egipcio MohamedDiab.

Abrió el baile Miguel del Arco, con su opera prima Las furias, un tour de force interpretativo con la impronta del que ha sido uno de los directores de escena con más personalidad del panorama dramático nacional de la última década.

El actor y director de escena se pone por primera vez tras las cámaras para construir una historia que cumple con todos los requisitos de lo que va camino de convertirse en un subgénero cinematográfico con todas las de la ley: las reuniones familiares con aireo de trapos sucios. La fórmula, no por manida y teatral deja de funcionar, sobre todo si los miembros de la familia son, en este caso, actores de la talla de José Sacristán, Mercedes Sampietro, Carmen Machi, Emma Suarez, Pere Arquillé o Alberto San Juan.

Historia terrible, y no exenta de humor, la de esta familia laminada por la egolatría de un padre odioso, famoso actor convertido, por paradojas de la senilidad y la enfermedad, en un papel en blanco. La junta de padres e hijos no es otra cosa que una liberación dosificada de los demonios familiares, esos que han ido creciendo al calor del hogar, en conflictos larvados durante años, por envidias, rencores y tragarse quina por culpa de esas ataduras que son hijas del nacimiento y la convivencia.

Cuenta con un guion inteligente que en ocasiones peca de un exceso de dramaturgia. Las palabras se sienten demasiado escritas. Tras los diálogos acerados e ingeniosos se percibe la mano de un director acostumbrado a adaptar a clásicos y a hacer evolucionar a personajes en un escenario. Eso resta naturalidad a las relaciones de esos personajes hirientes y heridos, pero, todo hay que decirlo, proporciona intercambios de frases que resultan memorables.

Por otro lado la película se embarra en el tramo final, con un desenlace prolongado más allá de lo que la precipitación de los acontecimientos, y la paciencia del espectador, aconsejaban.

En cualquier caso se trata de un debut prometedor que invita al optimismo, a la altura de un festival como este.

Pero lo mejor del día llegaría unas horas más tarde. Eshtebak, de Mohamed Diab, sorprende por la sencillez de su planteamiento, la perfecta mecánica de su guion y la brutalidad de su puesta en escena.

Relato implacable y al mismo tiempo lleno de humanidad de una jornada en el corazón del caos, en el centro mismo del desconcierto, allá donde las fuerzas de la desintegración merodean para recordarnos que toda sociedad es un pacto artificioso e inestable.

Pero ambientémonos: La llamada Primavera árabe ya ha pasado, Egipto ha afrontado las primeras elecciones democráticas de su historia y el líder de los Hermanos Musulmanes, la principal fuerza teocrática del país, ha salido elegido presidente. El ejercito, en prevención de una deriva islamista da un golpe de estado e implanta una junta militar como gobierno provisional. A partir de ahí Egipto se sume en una guerra civil donde se enfrentan partidarios de los Hermanos  Musulmanes con simpatizantes de las medidas tomadas por el ejército.

En ese entorno de violencia desatada se desarrolla toda la trama, que se ciñe con aristotélico respeto a los principios de unidad de lugar, tiempo y acción: a lo largo de un día una veintena de personas de diverso origen y condición son detenidas por la policía antidisturbios y encerrados en un furgón policial. Y a eso se resume este largometraje con pasmosa frescura, claridad y sencillez: de lo que les ocurre allí dentro, de como se relacionan entre sí, de como se enfrentan a las amenazas y miedos y de como resuelven las necesidades.

Y todo gracias a un guión del que es coautor el propio Mohamed Diab. Desarrollado con inteligencia para no dejar respiro al espectador. Tan pronto nos sentimos apabullados por un estallido de violencia como descubrimos la complejidad de las reacciones humanas, propias de una sociedad obligada a convivir diariamente con el enemigo y con una raquítica esperanza en el futuro. Al final, nos sentimos un poco  parte de cada una de esas personas hacinadas en una jaula rodante que en ocasiones, por ese humor negrísimo que encierran las situaciones extremas, parece el más seguro de los lugares.

El festival acaba de empezar pero Eshtebek apunta maneras como candidata a un premio. Por la actualidad de su mensaje, por su audacia y por emplear lenguaje de puro cine.

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