“Elle”: Una mujer libre, aunque políticamente incorrecta

Elle001“La visión occidental “ilustrada” de las mujeres –es decir, la representación de las mujeres en el arte hoy políticamente aceptable– es neurótica: Diana puede ser una princesa o puede ser una puta, pero ahí se acaban las opciones.”
David Mamet. Bambi contra Godzilla. Alba editorial, 2008, p. 104.

Hubo un tiempo, no tan lejano, en que el hombre –entendido en su segunda acepción del DRAE, es decir, varón– se sentía el centro de la creación, y como un dios solar veía todo orbitar en torno a sí. Su trono era tan firme y elevado que nada escapaba a su escrutinio y hasta el mínimo juicio y la más insignificante de las opiniones tenía su impronta. Sin embargo, en su soberbia, olvidó que a su lado otra voz reclamaba su propio sonido.

Por fortuna, ese tiempo no tan lejano va quedando atrás con la extrañeza que produce la contemplación de las cosas pasadas que creíamos inalterables. Hay quien trata aún de aferrarse a ese tiempo por pereza mental, otros que lo contemplan curiosos, como el que observa la carcasa de un viejo dinosaurio; los hay, también, que empeñados en consolidar el nuevo orden no dan tregua a la demolición del poder claudicante.
Elle, la última creación del director holandés Paul Verhoeven, es un ejemplo de estos nuevos tiempos, una sorprendente lección del siempre difícil volteo de la tortilla que puede resumirse en lo siguiente: cómo tomar una historia de violación y convertirla en la narración de la patética condición del hombre –de nuevo en su segunda acepción– en un entorno de mujeres que se dibujan en pantalla por sí mismas y no ya por su relación de dependencia con los protagonistas masculinos.

Elle004Tradicionalmente la representación de las mujeres en el cine ha seguido un doble estereotipo: El primero es el de la terrible mantis, vengativa y cruel, capaz de llevar tras de sí la locura y la destrucción. Medea, Lady Macbeth o la ya clásica femme fatal del cine negro son variaciones del mismo modelo.
Por otro lado se nos ha mostrado a la mujer como un ser frágil, vulnerable, cuya indefensión servía para potenciar el papel protector del hombre; Esto último es lo que David Mamet denomina “mariolatría en su degradación máxima: Las mujeres son buenas, las mujeres son puras, que buenos somos nosotros al reconocer su sufrimiento”. El cine de las últimas décadas se ha servido de ese modelo con generosidad, hasta el punto de crear un término específico para ese tipo de películas, el llamado Fem-jep (females in jeopardy, mujeres en peligro).
En cualquier caso ese victimismo, ya provenga de un suplicio matrimonial como en el caso de Thelma y Louise, 1991 o de una agresión sexual ( Acusados, 1988) no deja de manifestarse como una forma de gimoteo que deja escaso margen de maniobra interpretativa a una actriz. De ahí que lo que sorprenderá gratamente a unos y cabreará a otros es la manera en que Elle barre con esos prejuicios sin mostrar el más mínimo remordimiento.

Elle003Si bien conociendo el espíritu provocador de Verhoeven, mejor habría que decir que con cierto recochineo, con la intención absoluta de derribarlos, de ridiculizarlos, de mostrar lo artificial de su condición, y ello sirviéndose de una técnica sencilla: simplemente con intercambiar los roles asignados en la tradición cinematográfica a hombres y mujeres.
En Elle son los papeles femeninos los que llevan la voz cantante, empezando por la dura, desconcertante, compleja, irónica, inmisericorde y pragmática protagonista, interpretada como nadie por Isabelle Huppert; y secundada por un elenco de excelentes actrices: su mejor amiga y socia empresarial (Anne Consigny), la desacomplejada madre (Judith Magre), la manipuladora novia de su hijo (Alice Isaaz), e incluso la aparentemente mojigata vecina (Virginie Efira). Por contra, los hombres forman un coro lastimero que evidencia lo peor de su naturaleza: seres fatuos, irascibles, crueles y acomplejados por la imposibilidad de mostrar su debilidad, en definitiva, su humanidad.
En honor a la verdad, esa intención ya se encuentra en Oh…, la novela de Philippe Djian de la que se extrae el guión de esta película; Así lo declaró el autor hace unos años cuando se le concedió el Prix Interallié 2012 “Se trata de reflejar la voz de una mujer en concreto, liberada de los clichés misóginos que encorsetan aún a muchas mujeres: cero sentimentalismo, ni rastro de autovictimismo, ninguna dependencia de los hombres, carencia de cualquier ciego sentimiento maternal, etc. Una mujer libre aunque políticamente incorrecta.” (Entrevista de Nelly Kaprièlian para Les Inrocks, 2012)
Entiendo que a ciertos espectadores estrechos de miras un personaje como el de Isabelle Huppert les resulte, si no desagradable, si incomprensible. Es lo que ocurre cuando los prejuicios se desmoronan, que uno pasa por un momento de desconcierto en el que no sabe realmente si lo que esta contemplando es correcto o incorrecto. En realidad no es ni lo uno ni lo otro, es la señal de que algo dentro de uno está cambiando, generalmente a mejor.

Elle002De ahí ese regusto desasosegante que con cada nueva secuencia va incrementándose. Desasosiego que atrapa de principio a fin, al estar narrado con el espíritu perverso que es marca de fábrica de directores como Cronemberg, Polansky o el propio Verhoeven. Una visión de las relaciones humanas presentada como un pulso cruel entre los límites de la resistencia humana y el ilimitado campo de la sutileza moral.
El director holandés, todo hay que decirlo, se mueve como pez en el agua  en ese charco de la ambigüedad humana, y lo hace con un humor negro del que nunca ha dejado de hacer gala; ya fuese en sus inicios, al mostrar las divergentes vidas de tres compatriotas bajo la ocupación nazi (Eric, oficial de la reina,1977), en su peculiar visión de la Edad Media (Los señores del acero, 1985), en la historia de una depredadora (El cuarto hombre, 1983), en sus gamberradas futuristas (robocop, 1987; Desafío total, 1990; Starship trooper, 1997) o en esa historia que disuelve la raya entre el bien y el mal (El libro negro, 2006).
Pero además Verhoeven, que viene de cumplir los 78 años, no es sólo un autor de referencia, por el tratamiento que da a la violencia, lo es también por el buen oficio con el que lo hace. Se le podrá reprochar cierto regodeo en lo macabro, pero es normal para todos los que hacen piruetas en la cuerda floja del equilibrio mental (y ético) de nuestra especie; en cualquier caso siempre ha sido un director claro, entretenido y dotado de esa inteligencia que se hace digerible por medio del humor.

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