“El porvenir (L’Avenir)”, los libros y la filosofía como amante incondicional

elporvernirComo en muchas de las películas francesas de hoy en día, la película transcurre en un ambiente intelectual. A veces da la sensación de que en Francia solo se puede estudiar arte, filosofía o historia, y de que todo el mundo trabaja de ello. Pero a pesar de esto, no deja de ser una historia que se disfruta de principio al fin. Mia Hansen-Love demuestra una vez más que es capaz de retratar a sus personajes en profundidad, con sus aspiraciones y deseos, sus limitaciones y frustraciones, pero siempre de una manera sutil y elegante.

Isabelle Huppert, encarna a Natalie, una profesora de filosofía de unos 50 o 60 años, que ama su trabajo, casada con un colega, con dos hijos a cargo y una madre depresiva; que alterna su día a día entre el mundo de las ideas, y las cargas familiares. Aún cuando la relación con su familia cambia, Natalie sigue refugiándose en la filosofía como su mayor amante.

La película es una delicia para ver. Algo más de una hora y media de diálogos sobre filosofía, sobre el por qué de las decisiones que toma cada uno, ya sea respecto a una huelga, a la jubilación, al amor, a la felicidad, o a los cambios en los procesos de comercialización e industria de nuestros tiempos. Aunque seguramente a quien no le guste la filosofía pueda encontrar algo tediosas algunas de las conversaciones, como todo, esto también va en los gustos del espectador.

Mia Hansen-Love aprovecha para plantearnos en medio de la historia personal de Natalie, varios dilemas muy actuales. Por un lado, la creciente tendencia de los jóvenes a dejar los costosos apartamentos en grandes ciudades, para mudarse a comunas en casas de pueblos, donde vivir más en contacto con la naturaleza. Por otro lado, los cambios en la manera de pensar con el transcurso de los años, el por qué la mayoría de los pensadores más radicales son jóvenes, y cómo se van aceptando posturas intermedias con el paso del tiempo, no por transigir con el sistema, si no muchas veces por haber probado ya ambos extremos de la dicotomía que sea, y terminar optando por distintos términos medios.

La película, ya premiada este año en el Festival de Berlín, y ahora seleccionada en el de San Sebastián, a nivel técnico, tanto la dirección de los actores como el guion (ambos de Mia Hansen-Love), es impecable, y los actores colaboran para lograr una película redonda.

Preguntas, libros, ideologías, radicalismos. Cien minutos para disfrutar, mayormente recomendada a quienes disfrutan preguntándose el por qué de todas las cosas.

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