“La bruja” ¿Cómo se fabrica una bruja?

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La bruja es la opera prima del director Robert Eggers y ganadora a su vez del pasado Festival Sundance. Un trabajo de documentación de cuatro años avala su implicación con esta historia ambientada en 1630, en la que acompañamos a una familia de colonos cristiana en su apartada granja al borde del bosque…

Al acercarnos a este film, podemos prejuzgar que se trata de una película de terror más, con un estereotipo de bruja malvada que comete atrocidades contra los inocentes protagonistas. El material promocional así lo sugiere, pero no. No vas a pasar terror viendo la película. No vas a gritar. Pero si perturbarte. Hay, a lo sumo, un par de sustos traumáticos, o imágenes que provoquen la náusea intelectual. Efectismos, los justos. Se apoya en una sólida historia, que puede resumirse en la explicación de los cuentos de brujas para adultos. Una gran virtud es que es de esas películas cuya reflexión postvisionado es mejor que la experiencia en sí, pues su narrativa se mueve en una línea difusa que da pie a múltiples interpretaciones.

La bruja es pura contención. Situaciones agobiantes se van sucediendo y acumulando en nuestra psique. Todos los pequeños detalles cuentan, hasta que la tensión se hace incontenible. Eggers diseña una atmósfera claustrofóbica irrespirable en torno a la granja de la familia. El ambiente agreste al que se han visto apartados, a la orilla de la protocivilización colonial de Nueva Inglaterra, en la frontera de lo salvaje, lo desconocido, les hace vivir con miedo el día a día, cual familia de Centauros del desierto, intercambiando indios por otros temores… Cristo encontró al diablo en el desierto…

Hay una amenaza externa que se cierne sobre la familia, pero la tensión sucede entre los muros del hogar, en un desarrollo equiparable a Alien (1979). La mano de la bruja es muy sutil. Quizá actúe influenciando a los personajes. La superstición es una duda permanente. La sensación es de escalofrío mirando al bosque, que viendo solo árboles, te respondes a ti mismo que hay de todo menos árboles. Un misticismo romántico que atribuimos a leyendas y folklore, un miedo primigenio y factible. La película toma este folklore, lo desgrana y lo justifica, rozando el documentalismo histórico y olvidando un punto de vista de explotación comercial. La realidad supera a la ficción.

La convivencia y reacciones frente a la amenaza de los protagonistas ocupan el grueso de la obra. El fervor religioso de los padres afecta al prisma con que interpretan la realidad. Donde aparentemente ha atacado un lobo, atribuyen las desapariciones a una bruja del bosque. El estado de paranoia en que se sumergen, el hambre y la desesperanza por sobrevivir les lleva a odiarse de la noche a la mañana. Todos están reprimidos y son infelices. Dan más miedo los entresijos de la familia cristiana promedio que los rituales y aquelarres.

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En este contexto, la hija mayor, Thomasin, protagonista de la película, se muestra como punto disonante a la familia. Podemos saber que se aburre de esa existencia, aunque todo lo calle, no puede ocultar lo que piensa en realidad con pequeños gestos. Una mujer que vive sola en el bosque, al margen de la religión (que todos los hijos cuestionan) y habita en el terreno natural (el 99% del momento) constituye un referente alternativo para ella, o para cualquier mujer. Porque no hay opción a no vivir y morir en la granja, y ante esta realidad desalentadora, la bruja se torna en figura potencialmente deseable, pionera en feminismo colonial.

Es sabido que las acusaciones de brujería se hacían con total ligereza. El tema de la película no es la bruja malvada del bosque, sino la acusación de brujería a la mujer inocente. Una mujer herborista con pretensiones de médico era sentenciada. Podríamos entrever que cualquier mujer que se alejara de la hegemonía de la represión y tuviera una ligera autonomía, era marcada. En primera instancia, la bruja es el símbolo de la mujer empoderada, y como amenaza al modo de vida religioso-machista, como un virus, debe ser destruido. Un modo de vida defendido por las mujeres del momento, ¡pues la madre de Thomasin será su primera enemiga! Aunque sea algo que pueda provocarle curiosidad, o incluso llegar a anhelar, deberá luchar contra esta injusticia y defender su dignidad.

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Ciertamente suceden hechos paranormales para sembrar la duda en el espectador. Eggers juega con una ambivalencia maliciosa, dejándonos escoger la lectura que prefiramos, cual colono presente en los juicios de Salem, y dictar sentencia. ¿Los hechos los provoca una bruja, o hay un motivo racional? ¿Qué peso tienen los sueños? ¿Se han intoxicado con el hongo ergot del maíz y están teniendo leves alucinaciones? ¿Han firmado un pacto con el demonio, o es consecuencia del imaginario religioso de la época combinado con estrés postraumático? Bien es cierto que el fenómeno de la brujería tiene una raíz sociológica, protagonizada por gente ignorante temerosa de Dios, pero a día de hoy el temor heredado sigue presente, se nubla nuestra lógica y podemos abrazar la paranormalidad. Tenemos los casos documentados de sacamantecas que hicieron ungüentos con sangre de niños, como Enriqueta Martí o Treviño Frías (¿Qué fue antes, el huevo o la gallina?). Puede que no bailen con Lucifer, pero meigas haberlas haylas. Pero quedarnos con el mito de la bruja mala puede resultar una lectura superficial, y quizá podemos hacer un ejercicio de interpretación histórica con los conocimientos del presente y presuponer una histeria colectiva. Parece complejo, pero la película respeta la visión que tengas sobre el tema, y esta saldrá reforzada del visionado. Y tú saldrás del cine discutiendo con tu acompañante.

Resulta muy sencillo ser absorbido por el relato gracias al diseño de producción, que utiliza técnicas de construcción de la época. El vestuario, los escenarios, son tal cual debieron ser en el siglo XVII. Ni siquiera hay iluminación artificial, utilizando velas para interiores. Un naturalismo que evoca a El renacido (2015). Como referente pictórico, el director cita a Goya y sus pinturas negras. Un ambiente que te adormila en su rutina sin que puedas prever qué sucederá a continuación, como un miembro más de la familia.

La música cumple el canon de terror con violines trasnochados, chirriantes, aunque en ningún momento desacertados, o de más. Junto a  los crescendos de voces corales, constituyen la atmósfera musical del momento histórico. Se agradece en especial que la carga terrorífica no repose en efectos sonoros quemados.

En resumen, La bruja está al nivel de una misión secundaria de The Witcher 3, es decir, es muy disfrutable. El final resulta muy satisfactorio, y la circularidad convierte al film en una leyenda destacable, que reinventa el terror pensando sobre él, convirtiendo el mito en factible. Los gritos se olvidan, las buenas historias, no.

Yo quiero creer en las brujas, ¿y tú?

La bruja se estrena en cines el 19 de mayo de 2016.

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