Tribunal: La India en una sala de justicia

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Tras un largo periplo promocional llega a las salas de cine españolas Tribunal, opera prima del director indio Chaitanya Tamhane.  La  película se estrenó el 4 de septiembre de 2014 en el Festival de Venecia., donde se hizo con los dos premios más prestigiosos para un director debutante: el Luigi De Laurentiis (León del futuro) a la dirección y  el de la mejor película en la categoría Horizontes. Teniendo en cuenta esto se puede pensar que Tribunal llega con cierto retraso a las pantallas españolas, pero no mucho más que a las de su país de origen donde se estrenará el 17 de abril.

Se trata de una pequeña pero ambiciosa producción, rodada en inglés, marathi, hindi y gujarati que nos habla del paso por un tribunal indio de Narayan Kamble, un profesor y contestatario cantautor de 65 años que es acusado ridículamente de incitar, con sus canciones, al suicidio de un trabajador del servicio de alcantarillado.

Quien guiado por el título espere ver una película del eso que se ha dado en llamar subgénero de juicios, se llevará un desengaño. En Tribunal no importa tanto el caso concreto, las artimañas legales o la psicología del acusado como poder servirse, a modo de excusa, de un proceso judicial para hacer un retrato de la sociedad india, desapasionado y libre de tópicos y caricaturas.

Tal vez esa falta de entusiasmo narrativo sea la responsable de la escasa intensidad dramática de la historia, más centrada en la cotidianidad de los diferentes actores de este caso que en la supuesta angustia del acusado. Esta banalidad mecánica de los  procesos judiciales y de las vidas anónimas corre el riesgo de contaminar con su tediosa atmósfera al espectador. En eso el director no se equivoca, tanto unos como otras son menos emocionantes de lo que el cine nos suele contar.

El realizador indio tiene un curioso modo de analizar el caso de Narayan Kamble; como una polilla que gira en torno a la luz sin llegar nunca a posarse en ella, así la película da vueltas alrededor del acusado sin apenas tocarlo. Iremos conociendo a su abogado defensor, a la implacable fiscal y al juez, sus vidas y opiniones, tannto dentro como fuera de la sala de justicia, conoceremos la injusticia chapucera de la policía y la ceguera legalista del sistema, pero de la víctima del proceso apenas sabremos algo.

Esta manera de narrar tiene una intención evidente:  alejar cualquier posible manipulación emocional de quien contempla la historia y poder mostrar de un modo bastante aséptico –si es que eso es posible en un lugar como la India– , las desigualdades y complejidades de ese país inmenso.

No cabe ninguna duda de que los tres años que tardó en rodar la película permitieron a Chaitanya Tamhane recrear la realidad de un caso de este tipo eliminando cualquier atisbo de peripecia o drama. La ficción de esta historia, pues no deja de ser ficción, roza el tono documental hasta el punto de plantearnos situaciones totalmente ajenas al hilo principal de la historia, y que solo se entienden como una búsqueda extrema de verismo. De ahí esos insertos de vida cotidiana de los tres miembros del tribunal, de ahí esas lecturas mecánicas del acta y las actuaciones en vivo del viejo cantautor.

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También en el terreno técnico se busca esa intención: Se trata de una película de dos horas en la que apenas hay primeros planos, si es que hay alguno, como si se huyera de cualquier protagonismo personal, y en donde se evita manipular cualquier elemento ambiental, ya sea la luz o el sonido.

El resultado es que al final, el espectador, sin que medie intención empática por parte del director, dispone de todos los elementos para emitir su juicio: un acusado tan poco razonable como poco subversivo, un sistema legal clasista, obsoleto y corrupto, y el enfrentamiento entre una India que avanza, representada por el abogado defensor,  y otra, anclada en el pasado, que se aferra a prejuicios y que tiene el rostro del juez y la fiscal. El resto son hechos desnudos, tan evidentes de la inocencia del protagonista que llegan a ser cómicos.

No es una película excelente, pero está bien pensada y hecha con las mejores intenciones de alguien que quiere definirse con su primer trabajo, y además sirve para alejarnos de la imagen reciente, un tanto frívola, del cine indio.

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