“Madrid, Above the Moon”, de Miguel Santesmases: “El Arte de pretender”

abovethemoonLa película Madrid, Above the clouds, como su nombre indica, se ubica en la capital. Parece una gran ocasión para lucir una ciudad patria, como ya hiciera Vicky, Cristina, Barcelona. Una oportunidad para reclamar un imaginario de la city y huir del estándar neoyorquino.

O para hacer un publirreportaje con una trama romántica de telón de fondo y a esperar turistas. Un proyecto potente que fácilmente podría estar respaldado por la Comunidad de Madrid. Sin embargo, vemos que esto no es así, en primer lugar en el presupuesto, un rodaje de guerrilla, low-cost, en localizaciones públicas (ese banco de Plaza de Oriente pasará a la historia del cine) que ha tenido que financiarse en campaña de crowdfunding en Indiegogo. Después en otorgar facilidades al equipo: parece que sigue siendo imposible filmar en el metro, aunque sea para presumir de él frente al mundo, o hacer planos aéreos con un dron cromatica45 style, a riesgo de parecer un especial de Madrid desde el aire, de Telemadrid…(¡pero qué bien hubiera quedado!) Se trata de una película indie, altruista por la ciudad, y otro caso de éxito del micromecenazgo.

Definitivamente, la película logra este objetivo. Planos hermosos de lugares icónicos le hacen a uno sentirse orgulloso de vivir aquí. Los punteos de guitarra con tintes arabescos nos recuerdan nuestras raíces… Pero un momento… ¿para quién está hecho el film? ¿Para el madrileño o para el guiri?

Si bien hay anécdotas inéditas para el nativo, y es un escaparate del patrimonio histórico, el protagonista sólo interactúa con chicas extranjeras para seducirlas Se refleja un estilo de vida de museos y cerveza, y está rodada en inglés. Realmente parece tener una aspiración propagandística internacional (¿necedad no hacerlo verdad?).

Aunque se intuye una finalidad colateral: atraer turismo de muchachas deseosas de satisfacer sus fantasías con un español. En este punto, Santesmases repite la estrategia de Allen, y por dios, esperemos funcione.

Acompañamos a un fotógrafo amateur que cuida el lujoso penthouse de Miguel, un amigo suyo, y aprovecha su ausencia para suplantar su identidad. No para perjuicio de éste, sino para impresionar a las hembras con su “clase social”. Técnica de ligue extendida en nuestro país (se me ha caído una fotocopia de un billete de 500, oops!) y desgraciadamente exitosa. El tipo es un voyeur que acecha el hábitat de los turistas (en particular por los setos de la Plaza de Oriente) con su cámara cual pervertido de Ciudad Lineal, para romper el hielo. Un servidor ha recreado la experiencia, y si ya se intuye que está mal, ¡en la película es acoso!

stalkerStalkeando a unas turistas en el jardín de Miguel. Espero que no sean menores.

Afortunadamente para él se presenta un estereotipo de guiri open minded. Conversaciones vacías y anécdotas de la ciudad son sus vías de seducción. Aunque en verdad,  no es el protagonista el seductor, sino la ciudad. Sin Madrid, “Miguel” no es nada. El protagonista es un loser. Siempre ha vivido ahí, sus pésimas fotos son de Sanchinarro, oculta su identidad (realmente desconocemos incluso su nombre) y está atrapado en un bucle de fotos y mujeres. El patetismo de su realidad nos inspira compasión.

Aparte de la pretensión, el tema principal de la película es el concepto del turismo. Nuestro farsante finge ser turista en un proyecto personal, en el que trata de imitar la jovialidad permanente y sorpresa de los viajantes. Pero sabemos que tiene un pasado doloroso y un presente a la deriva. Algo que parece una técnica de distracción para alejarse de la realidad. Es un turista de sí mismo. No viaja a otras ciudades, viaja fuera de él, de su vida. Sin planes de futuro, sólo existe en el presente. ¿Qué hace un turista permanente? Como un jubilado, nada.

Por otra parte, el devenir de entidades. Cada día conoce a una nueva amante, y en varios casos no las vuelve a ver. Nos sumergimos en una corriente de personas, en desencuentros, en esa sensación de ansiedad y búsqueda de alguien especial que desaparece entre la multitud, que la película refleja con especial lirismo. La soledad de los personajes es abrumadora, que se intenta distraer con cualquier extraño. Pero Miguel no se sacia en absoluto, pues sólo son fantasmas o imitaciones insustanciales de su ex, con la que mantiene un vínculo imborrable.

Respecto al título, se hacen varias referencias en el film. Primero se refiere a la percepción griega de que lo divino está más allá de la Luna, y lo mundano, bajo ella. Realmente los personajes recrean circunstancias mitológicas que sufrimos desde la Antigüedad. Madrid se convierte en un Olimpo, y sus habitantes, portavoces del drama clásico, eterno. Sólo cambia que nuestro narrador no es Ovidio, sino Santesmases. Por otra parte, la frase We just lost the moon, de Apolo 13, subraya el dolor de la ruptura con su ex. Hubo una única oportunidad, y es irreversible, como fallar el aterrizaje en el satélite. Esto supone una ecuación donde Moon = Amor luego Madrid > Amor. La ciudad suministra el entretenimiento erótico necesario para que “Miguel” supere lo de su Luna particular perdida. Además, en el póster la Luna está en su corazón. El lector puede quedarse la explicación que más le satisfaga, o compartir la suya en los comentarios.

El tono general reproduce una atmósfera tranquila y relajante. Los lentos paseos matutinos, los planos fijos, el foley del tráfico… nos sumergen en la visión del protagonista: parece que el tiempo se ha detenido para él. Se cuenta todo lo necesario y más con muy pocos elementos. Un tono existencialista muy acertado, pero que se ve interrumpido por una desafortunada maniobra narrativa: la ruptura del espacio diegético.

Cuando parece que de verdad importa lo que estamos viendo, que hay una trascendencia, que esos personajes son reales (gracias al gran trabajo actoral de todo el reparto), palpables en su desdicha, convertidos en dioses clásicos, en los que podemos reflejar nuestras angustias y nos tiene inmersos, el guión no resiste el peso dramático y la válvula de escape es que los personajes interactúen con el equipo técnico. Podemos pensar que su dramatismo los ha ascendido de personajes a personas dignas de esta dimensión, o que son una materialización de la fantasía del director. Son conscientes de su condición, aunque no puedan escapar. Se introduce un sesgo entre personajes diegéticos e intradiegéticos, pero todos comparten el espacio fílmico. Un espejo, a modo de portal de espíritus, nos muestra la falla que los separa. Sin embargo se muestra como la maniobra para introducir gags cómicos innecesarios, que en la opinión del que escribe, rompe el tono, saca al espectador de situación y manda emociones tan elevadas al traste, poniéndonos al nivel de George de la Jungla.

Afortunadamente, dentro del supuesto happy ending, éste es en realidad desdichado; intuimos que todas sus relaciones son perecederas, y seguirá buscando a su ex con la persona que esté. Migajas del amor perdido. Una tragicomedia romántica existencialista bastante redonda. 3/5

 Madrid, Above the Moon se estrena el próximo 8 de abril de 2016.

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