Calentando los Oscar 2016

mad-max001Queda menos de un mes para la ceremonia de entrega de los Oscar 2016, y como todos los años se da uno el atracón de películas par poder opinar con criterio, mientras en los medios se suceden las predicciones, comentarios y apuestas sobre quien se llevará la dichosa estatuilla. Los premios siempre son un reconocimiento, otra cosa es que uno confíe o no en el criterio empleado para concederlos, y ahí no vamos a entrar.  En estas y en las siguientes entregas me limitaré a opinar sobre las películas candidatas.

Mad max, fury road (Mad Max, furia en la carretera)

Película

Director: George Miller

Montaje: Margaret Sixel

Fotografía: John Seale

Diseño de producción: Colin Gibson y Lisa Thompson

Diseño de vestuario: Jenny Beavan

Maquillaje y Peluquería: Lesley Vanderwalt, Elka Wardega y Damian Martin

Mezcla de sonido: Chris Jenkins, Gregg Rudloff y Ben Osmo

Edición de sonido: Mark Mangini y David White

Efectos especiales: Andrew Jackson, Tom Wood, Dan Oliver y Andy Williams

¡Regad la tierra reseca con la sangre de los hombres y el dolor del mundo!. Lo siento, pero uno a veces tiene esos delirios, es lo que tiene el cine, que una película de una brutalidad sin límites como Mad Max sea capaz de emocionar tanto dice mucho de la capacidad de este arte para generar sentimientos intensos.

Espectacular desde el primer fotograma hasta el final de los créditos. Una de las mejores cosas que se ha podido ver en los últimos años: inclemente, desmesurada, frenética, narrativamente magistral: para proyectar en una escuela de cine y enseñar a tanto pirotécnico como hacer bien eso que parece sencillo: una película de acción. Y con un argumento de una sencillez desarmante: una intensa, salvaje y agónica huida de la cámara de tortura en que se ha convertido el planeta.

El montaje y la fotografía merecen premio cuando contribuyen, cada cual a su manera, a la idea general de una obra coral como es el cine. En este caso el montaje transmite esa sensación desquiciada de un mundo donde la templanza ha perdido la batalla y vivir es ser más rápido, menos contemplativo y más dispuesto a golpear primero; la fotografía de otro veterano como John Seale extrae belleza de la destrucción y la violencia. No se puede pedir más. Resaltar entre las restantes nominaciones las de Maquillaje y Diseño de vestuario. Todo un logro reconvertir la imaginería Kitsch de los ochenta a los tiempos actuales y transmitir el caos referencial de los venideros.

Parecerá desmesurado, pero se echa en falta la nominación de los dos actores protagonistas. Pocas veces se logra en el cine una química tal con tan poco verbo por medio. Pero Tom Hardy ya está nominado por otro trabajo y Charlize Theron ya tuvo su premio. Dejémoslo estar.

En cualquier caso colarse en las candidaturas a los Oscar con una película de este tipo y con la perspectiva de poderse llevar 10 estatuillas dice mucho del prodigio realizado por George Miller con este personaje, convertido desde hace tiempo en icono cinematográfico.

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The martian (Marte)

Mejor película

Actor principal: Matt Damon

Guión adaptado: Drew Goddard

Diseño de producción: Arthur MAx y Celia Bobak

Edición de sonido: Oliver Tarney

Efectos especiales: Richard Stammers, Anders Langlands, Chris Lawrence Y Steven Warner

En efecto, no estaba muerto, estaba, como dice la canción, tomando cañas. Ridley Scott siempre ha sido un narrador que se empequeñece cuando tiene que suplir un mal guión con su particular sentido del espectáculo. Pero cuando le dan una historia solida y hace su oficio consigue buenos resultados, a veces excelentes. Marte es una película bien hecha, de lo mejor que se ha realizado en el género, con un ritmo perfecto y sin altibajos. El mismo director que nos hizo pensar que una nave espacial pudiese ser una ratonera extraterrestre, logra el milagro de generar tensión con tan sólo la amenaza del entorno hostil y las leyes físicas, que no es moco de pavo. En parte responsable de esto es el excelente guión adaptado de Drew Goddard y unas interpretaciones solventes. De la banda sonora mejor no hablar. La película es la reivindicación suprema del fenómeno empollón, o nerd como prefieran llamarlo. Uno, en las mismas circunstancias del protagonista se hubiera preparado una tortilla de patatas y esperado la muerte con bastante mala leche. Ya me lo decía mi madre: “estudia ciencias, hijo”.

Las candidaturas son, en general, acertadas, sobre todo si sirven para encauzar la carrera de Ridley Scott que andaba dando tumbos. Matt Damon es de esos actores que por razones que uno no logra desentrañar empujan al chiste, pero demuestra en cada papel una profesionalidad que dice mucho del cine americano. No estaría mal que le dieran el Oscar como actor, sobre todo para olvidar el que le dieron como guionista. Y hablando de guión, el de esta película es soberbio en su sencillez. Demuestra que hacer las cosas bien no es tan complicado si se es honesto y claro. De las candidaturas menores nada que objetar, cumplen su función en el gran espectáculo, y tampoco uno está tan puesto en cine.

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The hateful eight (Los Odiosos Ocho)

Actriz secundaria: Jennifer Jason Leigh

Director de fotografía: Robert Richardson

Banda sonora original: Ennio Morricone

Guión tramposo oculto bajo baños de sangre. Uno ve a veces las películas de Tarantino y piensa en Mozart tocando la pandereta y perdiendo el tiempo en francachelas con amigotes. Nada decepciona más que contemplar el talento malgastado, y en su octava película el director de gesto histriónico se vacía a gusto con su habitual retahíla de chistes macarras, disparos revientavenas y protagonistas con pose, mucha pose. La película parece transcurrir en el oeste, allá por la segunda mitad del siglo XIX, pero no se lleven a engaño, como todas las suyas ocurre en algún suburbio americano de los años 70. Los admiradores del personaje quedarán bien saciados, mientras que a los admiradores de su buen cine nos toca torcer el mohín.

La candidatura de Jennifer Jason Leigh hace justicia a una actriz que tanto y tan bien ha sabido sufrir en pantalla, pero se perdió la oportunidad con Última salida a Brooklyn Pero como también pone voz en la candidata a mejor película de animación Anomalisa, quien sabe…. En cualquier caso u personaje en los Odiosos ocho es una caricatura sin alma. Justa es también la candidatura de Morricone, capaz a sus 87 años de seguir componiendo bandas sonoras. Ya tiene uno honorífico, pero para alguien que ha trabajado la música de más de 500 producciones la verdad es que no estaría mal darle el premio. Lástima que compita contra Carter Burwell que merece el Oscar más que nadie y que además compone este año por partida doble para las nominadas Carol y también para  la descorazonadora Anomalisa.

En cuanto a Robert Richardson es uno de esos directores de fotografía que se disputan los grandes y que ya cuenta con tres estatuillas (JFK, el Aviador y Hugo). Compite con otros que en esta ocasión también lo merecen más.

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Ex Machina

Guión original: Alex Gardland

Efectos especiales: Andrew Whitehurst, Paul Norris, Mark Ardington y Sara Benett

De esta película ya nos ocupamos en su momento. Pueden consultarlo aquí.

De las candidaturas, comentar que el guión original está bien tratado pero me temo que es complicado que la Academia premie de nuevo un guión original de Ciencia Ficción, tras hacerlo con Her, incluso cuando, como es el caso, la ciencia ficción trasciende al terreno de la ética. Curiosamente como en el caso citado trata de nuevo el mito de Pigmalión. Demasiadas coincidencias.

Los efectos especiales, bien hechos, y sin desequilibrar la película con su excesiva presencia. Nada que objetar salvo que tiene enfrente a cuatro bestias pardas que se lo van a comer vivo.

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The Big short (La gran apuesta)

Película

Actor secundario: Christian Bale

Guión adaptado: Charles Randolph y Adam McKay

Montaje: Hank Corwin

No sé, tal vez uno no tenía su día. A veces ocurre. Abrimos un libro nos ponemos a leer y no pasamos de una página, leyendo una y otra vez el mismo párrafo, en bucle. Con La gran apuesta me ocurrió eso, a partir de un momento dejé de enterarme de lo que estaba sucediendo en la pantalla y mi cabeza se llenó de preocupaciones cotidianas ¿Qué haré mañana para cenar? ¿Envié ya el trabajo a X? ¿Cuando era el cumpleaños de Y? En fin, son cosas que pasan, y a día de hoy no sé si es culpa de la película o de quien la mira. O de ambos.

Algo confusa si que es. Y mira que se esfuerza el director por explicar la burbuja inmobiliaria al gran público, pero no sé si el lenguaje sincopado y frenético que usa es el más adecuado a tal propósito. Hartan ya un poco, la verdad, esos personajes desquiciados con trajes de 500 dólares que manejan miles de millones y hablan como macarras. Se han convertido en caricaturas. Ese ambiente cocainópata de Wall Street ya ha sido retratado más y mejor en muchas otras películas, The 25th hour de Spike Lee, por ejemplo.

Que se sirva el director del truco de hablar al espectador o de usar personajes populares para explicar el crack de las  hipotecas subprime del 2008 no evita que la película se vaya embrollando cada vez más en una faramalla de jerga inversora y términos bancarios de la que el espectador sale un poco perplejo. Más sencillo hubiera sido no tratar de hacerlo y contarnos simplemente como nos vendieron la posibilidad de mantener un tren de vida irreal por medio de una ficción y como unos pocos descubrieron el pastel. En lugar de eso el director apuesta por la modernez visual y los personajes estrambóticos y vociferantes, tan ridículos en su convicción de estar en lo cierto como aquellos a los que pretendían criticar.

La película, sin embargo opta a cuatro estatuillas. De ellas me quedo con la de actor secundario, no porque haya sido su mejor papel, ni mucho menos, sino porque Christian Bale es de esos intérpretes que se funden con el personaje y acaban convirtiéndose en uno sólo, indiferenciables. Si por montaje se entiende fragmentación tiene también su lógica esta nominación, ahora bien, más práctico, narrativamente hablando, hubiera sido un relato clásico, lineal y centrado en un personaje,  para una historia como esta que cabrea y confunde a partes iguales.

'Steve Jobs' film - 2015

Steve Jobs

Actor principal: Michael Fassbender

Actriz secundaria: Kate Winslet

Película hecha con inteligencia.

Se articula en tres momentos concretos: 1984, 1988 y 1997, en las presentaciones respectivas del Apple Macintosh, del “cubo” Next y del i-mac. Y se sirve de estos tres jalones en la vida del empresario californiano Steve Jobs para hablarnos de los logros, ambiciones y de su complicada personalidad.

A estas alturas pocos son los que no conocen quién fue y qué hizo Steve Jobs, pero eso, a un buen narrador se la tiene que traer al pairo. Uno no va al cine o abre una novela con la obligación de tener un conocimiento previo de la materia. Mira o lee precisamente para, entre otras cosas, eso, para enterarse. Las historias que precisan un manual de instrucciones no son buenas historias, son chistes privados.

El cine también es jugar, y al espectador le gusta participar de aquellos juegos que se le proponen, siempre que las reglas sean claras, por eso Steve jobs prescinde de cualquier información sabida de antemano por el espectador y le hace partícipe de una estructura muy ingeniosa: los mismos personajes se repiten hasta tres veces en un escenario similar y a lo largo de 15 años, y por medio de sus diálogos un espectador atento puede desentrañar la esencia del biografiado.

El biopic es un subgénero con riesgo de caer, por culpa de la repetición de estructuras, en el acartonamiento. Steve jobs es en ese sentido una película modélica con vocación de originalidad y, a pesar del rápido intercambio de palabras, de claridad expositiva ejemplar. Uno la termina y sabe más y entiende mejor quien fue y qué hizo Steve Jobs, que de eso se trata.

La nominación de Fassbender es inevitable y grata. El actor de rostro impenetrable hace otra de esas composiciones a las que nos ha ido acostumbrando estos últimos años. A través de su mirada helada Fassbender ha creado un tipo de héroe acorde a los tiempos que vivimos: obsesivo y reconcentrado en su idea ante la cual el mundo de los afectos tiene un espacio menguante.

De Kate Winslet solo constatar que es una de las actrices que mejor ha encauzado su carrera en la siempre tentadora jungla de Hollywood. Papel tras papel se supera a sí misma. Aquí construye uno de esos secundarios que bien podría ser un principal. Soberbia.

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Trumbo

Actor principal: Brian Cranston

Otro biopic, como corresponde a una buena ceremonia del premio de la Academia.

En este caso, sin embargo, da la sensación de que el director de Los padres de ella se ha encontrado con un material demasiado bueno y no se atreve a meterle mano con brío, se conforma con cumplir, contando las cosas sin aspavientos, pero también sin personalidad. El resultado es una de esas películas que no dejan huella. Pura artesanía al servicio de la Industria cinematográfica, y, puestos a buscar analogías, metáfora del currante anónimo en que se vio obligado a ser el protagonista.

Y por esos derroteros transcurre la historia, interesante, pero falta de alma, con un humor de baja intensidad siempre presente pero formalmente vulgar. Se salva gracias a la canallez de lo que contemplamos, a ese trasfondo de injusticia que se ceba en el protagonista, y que es capaz de cabrear al más pintado.

Esto demuestra que el cine es una maquinaria curiosa, que no depende de la calidad de las piezas sino de la precisión del mecanismo. Por eso juntar un guión bien construido, un personaje lleno de fuerza, un puñado de buenos secundarios y a un actor solvente como Bryan Cranston no garantiza que el resultado sea excepcional. No aburre pero tampoco fascina. Tal vez por eso solo opte al premio de su protagonista, premio, por otra parte, que se entiende mejor si de lo que se trata es de reconocer el estado de gracia que le llevo a hacer de Heisenberg un personaje irrepetible.

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Amy

Documental

En el campo de las películas documentales AMY narra a lo largo de dos horas la corta, azarosa, intensa y a la postre triste vida de Amy Winehouse, y consigue lo que propone: que nos emocionemos contemplando el ascenso y caída del ídolo, desde su adolescencia hasta su brusco y temprano final.

Quien se consideró siempre a sí misma una cantante de jazz y como tal llevó una vida bastante jodida, se nos muestra tal cual era: la niña judía del norte de Londres, desgarbada y con voz de diosa, que arrastró sus carencias afectivas como quien arrastra una cojera, tropezando por todas partes, y metiéndose en todos los lodazales a su paso, ya fuese en forma de novio ponzoñoso o de botella de ginebra. El documental muestra varias cosas notables: la intromisión permanente y obsesiva de la cámara en su vida, la fragilidad del personaje, y lo estremecedor de un talento tan natural que era capaz de surgir sin aparente esfuerzo incluso en momentos terribles, o tal vez gracias a ellos ; como ella misma comentó “a veces es necesario algo malo para obtener algo bueno”

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