“Eisenstein en Guanajuato”: Continente y contenido

Eisenstein-in-Guanajuato-21-e1423506894558Con 30 años Sergei Eisentein ya era el más destacado director de la historia del cine soviético. Con esa edad ya había dirigido La huelga, Octubre y su gran obra maestra El acorazado Potemkin. Había alcanzado la cumbre del éxito profesional, gozaba del beneplácito del régimen y a poco más podía aspirar en la Rusia comunista. Asfixiado en sí mismo e incapaz de alcanzar sus verdaderos deseos, Eisenstein iniciará un viaje al encuentro de su identidad.

Eisentein en Guanajuato relata lo acontecido en 1931, cuando el director soviético viajó a la ciudad mejicana de Guanajuato para preparar la que sería su siguiente película ¡Qué viva México!. Tras pasar por Hollywood sin conseguir calar en su industria, Eisenstein se deja seducir por el encanto y la frescura de su nuevo destino. Con la ayuda de su joven y atractivo guía Palomino Cañedo, el reputado director pondrá en marcha un ejercicio de liberación y autoconocimiento que cambiará su forma de entender la vida.

El veterano director inglés Peter Greenaway dirige una historia que se sitúa constantemente entre la realidad y la ficción, partimos del viaje real del cineasta soviético a México para rellenarlo con una interpretación de los acontecimientos de acuerdo con el imaginario personal de Greenaway. Del mismo modo, la película no se puede delimitar dentro de un único género, divaga sin reparo alguno entre la comedia más desenfrenada y el drama más sentimental. Es de un finísimo equilibrio entre sus extremos y el director no tiene reparo en explotar esos contrastes.

El juego de contrastes se convierte en su mayor defecto y virtud. Continuamente nos encontramos con personajes “borderline” que tratan de contagiarnos la inestabilidad emocional de la clase artista, la excentricidad de estos tipos, y en este sentido Elmer Bäck interpretando a Eisenstein realiza una memorable actuación. El montaje también rema a corriente de esta forma de concebir el cine, se recurre a la pantalla partida, a la intercalación de planos cargados de viveza; es en todo momento un elemento que destaca y rinde homenaje al montaje soviético que Eisenstein tanto desarrolló. La fotografía recargada y caprichosa, y el manipulado uso del sonido completan el programa. Todo juega a la exageración de las formas, más allá de los límites de la normalidad.

Es por ello que la forma elegida para la realización de la película, su forma y envoltorio, se convierte en su mayor defecto y virtud. Es a todas cuentas una película hiperactiva, tan creativa como chirriante. Es también una obra reflexiva sobre un personaje atormentado al que la sociedad impide liberarse y alcanzar la felicidad que trae el amor, el dinero, el sexo, la salud y el trabajo; y es a la vez una puerta hacia el autodescubrimiento del ser. Hay un sentimiento real en ese autodescubrimiento, pero está envuelto en un entramado de artificiosas formas irritantes, carentes de interés y difíciles de aguantar por momentos. Formas que sorprenden al inicio pero que son fácilmente detestables, y que seguro generarán controversia; muchos las verán como un acierto y otros tantos como un defecto. Me interesa el contenido, no soporto el continente.

5/10

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