“El viaje de Arlo”, Pixar y el esplendor de las formas

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Han pasado pocos meses desde que llegara a las salas la aclamada Inside Out (Del revés), una obra mayor de Pixar que mejoraba en todo a las anteriores Cars 2, Brave y Monsters University, y nos hacía preguntarnos cuánto tiempo habría de pasar para que volvieran a producir una obra de tanto nivel, con todo el alma de sus mejores películas. Pues bien, tan solo unos meses después Pixar lo ha vuelto a hacer.

El viaje de Arlo nos traslada a un hipotético tiempo pasado en el que el asteroide causante de la desaparición de los dinosaurios no habría impactado contra la Tierra. En un mundo dominado por dinosaurios, el joven Arlo, un pequeño y asustadizo dinosaurio de la familia de los “apatosaurus”, vive en una granja junto a sus padres y hermanos. La familia trabaja muy duro para cosechar alimentos, a la par que los padres educan a sus hijos para que superen sus miedos y se conviertan en adultos de provecho. La aparición de un niño salvaje pondrá patas arriba la vida de Arlo y lo lanzará a una gran aventura hacia la madurez; el pequeño dinosaurio se verá obligado a afrontar sus miedos si quiere volver a casa.

En 2014 ninguna película de Pixar llegó a la cartelera, El viaje de Arlo debía ser la película de ese año; sin embargo, el proyecto liderado por Bob Peterson (co-director de Up) no conseguió llegar a buen puerto y la película estuvo al borde de la cancelación. Fue el debutante Peter Sohn quien retomó el proyecto. Se mantuvo la idea del asteroide, pero se descartó la idea de crear una gran sociedad de dinosaurios. Lo que ganó vida fue el alma familiar de la película.

Que la película haya terminado realizándose dice mucho de Pixar, de su empeño por primar la calidad y de su lucha por sacar adelante cada proyecto. El “alma Pixar” es algo que debe estar presente en todas sus producciones, las películas tienen que transmitir valores universales y ser capaces de emocionar al espectador. Para conseguir esto no hay un único camino, si en Inside Out se conseguía mediante el ingenio, aquí funciona con la sensación, en el viaje asistimos a la aventura de la vida, a la emoción y oscuridad del sufrimiento. El ser humano aparece aquí hecho perro, y al servicio de la magnificencia de los dinosaurios; el hombre destructor de la naturaleza queda aún muy lejos.

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El guion no es especialmente novedoso, en algunas partes el público se acordará de El Rey León y en otras de Cómo entrenar a tu dragón. Los diálogos son, excepto por alguna pullita sobre la vida, siempre convencionales, y el viaje del héroe que realiza Arlo no deja de ser la historia mil veces vista con otros personajes y contextos. Aun con eso, la película es autoconsciente, sabe que esa no es su liga y que su juego es el de las formas. En el viaje, las formas lo son todo y entonces la película late, vibra y emociona, asistimos al esplendor de la forma audiovisual.

La fotografía es de una espectacularidad inmensa. En el viaje a través de paisajes monumentales, el realismo es casi fotográfico. Se recurre al formato de pantalla completa (2,39) algo poco común en Pixar y la viveza de los colores es total. El viaje de Arlo tiene a efectos fotográficos mucho que ver con el western, se mueve en los escenarios “envidiados” por todos aquellos realizadores europeos de películas del oeste de los años 60, y recuerda mucho a la mítica cinta de John Ford The Searchers (Centauros del desierto). El sonido es otro de los apartados destacados de la película, tanto los efectos como la banda sonora compuesta por los hermanos Danna; las palabras en muchos tramos de la película sobran y la confluencia de la imagen con la banda sonora genera la emoción. Es al fin y al cabo una experiencia para los sentidos, realizada con nobleza y humildad pero sin renunciar por ello a la máxima espectacularidad.

Estamos en definitiva ante otra forma de actuar dentro de un mismo Estudio, pero tan válida como la utilizada con Inside Out. Pixar demuestra su versatilidad recurriendo a referentes como la road movie, el cine western o la visualidad de Terrence Malick; pero siempre manteniendo su espíritu, su alma y amor por los valores de la vida, la familia, el amor, la amistad y la auto superación. No estamos ante una obra perfecta, un guion más trabajado podría haberlo logrado, pero desde luego que es una gran película, y demuestra que un proyecto abocado al fracaso no tiene que porque ser tal si Pixar anda detrás. En pocas palabras, hablamos de cine hecho con amor por el oficio. 

7,5/10

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