“La cumbre escarlata”: Cuando la forma eclipsa el fondo

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Guillermo del Toro vuelve tras “Pacific Rim” (2013) con una película que sigue más la línea de su gran título, “El laberinto del fauno” (2006). De un marcado estilo clásico, “La cumbre escarlata” mezcla una clara inspiración gótica con referencias a los cuentos de Edgar Allan Poe, el melodrama romántico, el thriller y el gore, enmarcado todo ello en un ambiente de tragedia.

“La cumbre escarlata” es el particular trabajo de Guillermo del Toro sobre lo gótico y en ella lleva hasta el extremo lo que comenzaron algunos autores en la década de los años 60: ese desbordamiento de lo estético, el uso extremo del color y las texturas, y el barroquismo en la ambientación y el vestuario.

La puesta en escena es, sin duda, el punto fuerte del film. El cuidado exquisito en los detalles favorece que cada plano funcione visualmente a la perfección, y encumbra a los encargados de la fotografía -Dan Laustsen- y el diseño de producción -Thomas E. Sanders- a lo más alto. Esta excelencia visual, totalmente disfrutable por el espectador, adquiere su máxima expresión cuando aparece en escena la casa de “Allerdale Hall”.

En una historia sobre el amor –y su monstruosidad-, sobre elementos sobrenaturales, asesinatos y miedos, los fantasmas que aparecen son diferentes a los que vemos en otros títulos, y sus objetivos son también muy distintos. El director no pretende asustar, y por eso, quienes esperen ver en ‘La cumbre escarlata’ una película de terror al uso se llevarán una  profunda decepción.

El reparto está encabezado por Mia Wasikowska, que con un actuación notable se mete en la piel de la joven escritora protagonista; Jessica Chastain, en un registro diferente con el que ofrece la mejor interpretación del film, en un personaje perverso que aprovecha para lucirse; y los correctos Tom Hiddleston, en el personaje que quizá más evoluciona, Charlie Hunnam y Jim Beaver.

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Pero es la casa la que se convierte en el personaje más interesante de la película. Cuando la historia se sitúa entre las paredes de esa imponente y aterradora mansión, la película recibe un impulso y consigue de manera definitiva la atención del espectador. Gracias a ese espectacular espacio, lleno de secretos, habitaciones ocultas, fantasmas y sucesos terroríficos, la historia se torna más atractiva, aunque sin dejar de ser ciertamente previsible.

Y es que es precisamente aquí, en el guión, donde el film flojea. Se trata de una historia que ya hemos visto millones de veces, y aunque Guillermo del Toro se esfuerce, no consigue hechizarnos del todo porque el guión no está a la altura de la forma que lo envuelve, y las sorpresas o giros que esperamos de un director como Del Toro nunca llegan a aparecer.

Aun así, la cinta no deja de ser un ejemplo más de la inagotable imaginación de Guillermo del Toro, y sus fallos no impiden que sea una película recomendable. “La cumbre escarlata” se estrenó en los cines españoles el 16 de octubre. 

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