“La Camarera Lynn”: erotismo psicótico

lacamareralynnMuy pocas veces una tiene la ocasión de encontrarse con el estreno de una película alemana. Normalmente, llegamos a estas cintas a través de blogs y críticas de aquí y de allá. Pero en esta ocasión nos pusieron en bandeja el visionado de La Camarera Lynn, que se estrenó el pasado viernes 25 de septiembre. La han denominado la respuesta alemana a Cincuenta Sombras de Grey. Para mi gusto no tiene ni punto de comparación, ni siquiera el estilo ni el argumento. Como respuesta a una cinematografía erótica burda, como es Cincuenta Sombras, puede ser, pero no necesita ese apelativo para ser vista. Es simple: La camarera Lynn es cine.

La camarera Lynn es la adaptación cinematográfica de la novela de Markus Orth, un bestseller que Ingo Haeb (Neandertal) lleva al cine con una delicia asombrosa. A diferencia de cualquier tipo de película y de cualquier manual de guion, Lynn no es un personaje con el que uno se siente, de primera mano, cómodo. Nos dan retazos de quién es, nos muestran qué hace y deducimos que tiene algún problema psicológico, pudiendo determinar cuánto afecta a su vida cotidiana. Pero no llegamos a empatizar con ella hasta muy llegado el final.

Lynn (Vicky Kriebs) es una doncella de hotel obsesionada con la limpieza y con el orden. Y curiosa. Curiosa con la vida, con los clientes del hotel y con los aspectos más escabrosos de sus existencias. Le gusta observar y es tan discreta, tan inapreciable, que su presencia pasa inadvertida a cualquiera. A través de sus aventuras en las diferentes habitaciones del hotel, llegamos al segundo personaje importante, Chiara, una señorita de compañía, especializada en el BDSM.

Es cierto que hasta aquí, salvo por el aspecto lésbico, podría tener un poco que ver con Cincuenta Sombras de Grey. Pero no. Conocemos a Lynn y a Chiara y su relación, extraña, que no rara. Intentamos conocer el mundo interior y laberíntico de Lynn, al tiempo que Chiara también parece hacerlo. Y no necesitamos desenfundar los millones de Christian Grey ni la tontería de Anastasia Steele. Chiara y Lynn son más reales de lo que nos gustaría admitir y a través de su relación podemos sacar conclusiones de ambas, sobre todo de Lynn, aunque no lleguemos a conocerlas realmente.

De una escenografía cuidada en dónde cada detalle cuenta, Haeb construye escenas de decorados austeros, propios de un hotel de calidad media, de afueras de aeropuerto. Los personajes circunstanciales son personas de la calle, con sus rarezas normales. El director crea un aura de realismo en dónde se acoplan perfectamente las surrealistas acciones de Lynn. Planos de seguimiento y una fotografía de iluminación cuidada y neutra que sugieren una historia común, narrada pausadamente, deteniéndose en cada acción de Lynn. Lo que hace y lo que no, cómo lo hace y cómo afectan sus acciones, son el principal atractivo de una historia que indaga, sin manifestar, en la psicopatía de una mujer solitaria y silenciosa, subyugada a sí misma y a los caprichosos grilletes de la mente.

En el aspecto interpretativo sólo decir la soberbia y la delicadeza con la que Vicky Kriebs (Hanna, Antes del frío invierno) se hace con este papel. El resto del elenco sólo son los puntos de apoyo sobre los que Kriebs mueve el mundo. Contenida pero acertada Lena Lauzemis, y en su línea Christine Schorn (Goodbye Lenin)

Como respuesta a Cincuenta Sombras de Grey es contundente: dura menos y cuenta más. Un plan perfecto para el primer fin de semana del otoño.

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