“Locke”, anatomía de un héroe al volante de un coche

lockeNo son buenos tiempos para los héroes. Al menos en la Gran Pantalla. Por un lado, el cinismo imperante y por otro una infantiloide y maniquea visión del mundo dejan escaso espacio para los héroes clásicos, esos de carne y hueso, sólidos en sus principios y frágiles en sus actos. Los supuestos héroes de la actualidad pululan por fantasías de espada y brujería, tiznados de hollín, con el pelo aceitoso, adoptando poses de gimnasio gay y soltando frases para la galería, pero es difícil tomárselos en serio, y menos aún entender sus conflictos.

Steven Knight lo debió de tener muy claro cuando se enfrascó en el proyecto de Locke, que él mismo guioniza: es complicado, por no decir imposible, sostener una película de hora y media con un único protagonista, si no se cuenta con un personaje capaz de dejar huella. Si añadimos el hecho de que toda la cinta transcurre en el monótono espacio de un coche que circula de noche por una autopista, uno no puede más que admirarse de que el resultado nos mantenga pegados a la butaca. Un tour de force similar ya había sido hecho recientemente por Rodrigo Cortés en Buried. o por Danny Boyle en 127 hours. Pero en ambos casos la angustia del espectador estaba determinada por una situación de vida o muerte, y el héroe lo era más por su empeño en sobrevivir que por su carácter. Lo sorprendente en el caso de Locke es que en un entorno de problemas triviales, incluso ramplones, sea capaz de crear un arquetipo.

Ejercicio de estilo aparte, el reto personal de dirigir algo así sin aburrir ni un sólo minuto demuestra que la narrativa cinematográfica no depende de escenarios grandiosos, de construir un parque de atracciones en 3D o de un guión con más vueltas que un turbante. Basta con lograr eso tan sencillo y al mismo tiempo tan complejo como es una buena historia capaz de calar en el ánimo del espectador.

Y aquí, como ocurría en el cine clásico, la solidez de la narración, y su interés, reside no en la propia historia, que gira en torno a un asunto tan banal y tan poco emocionante como el cemento, sino en el carácter moral del protagonista. Del héroe. Más aún cuando al sencillo y sólido guión se junta la interpretación de un Tom Hardy que brinda al espectador una lección magistral de actuación y de economía de medios, en un papel que es un regalo para cualquier actor. Un consejo: veansela en versión original, por el amor de Laurence Olivier, porque el tono y la vocalización de Hardy representan la mitad de la película.

Llegados a este punto uno se pregunta ¿Qué es un héroe clásico?.

Ante todo un héroe es un ser humano, no un superhombre como nos tratan algunos de vender. Un ser humano lleno de debilidades y de incertidumbres pero con una única certeza: hacer lo correcto. Del conflicto entre unas y otra, de ese dilema tan prosaico y tan humano, de la profunda soledad de esa lucha, surge el héroe. Y da lo mismo que se trate de un sheriff tratando de hacer justicia en un pueblo perdido del oeste, de un policía enfrentado a la corrupción de su entorno, o como es este caso, de un hombre bueno que ha de afrontar el, posiblemente, único error de su vida, aunque para ello haya de sacrificarla.

De ahí que cualquier espectador que no tenga el encéfalo fundido por la cocaína o la telebasura comprenderá desde el primer minuto el conflicto de ese hombre justo y admirable, de conducta (casi) intachable, conocedor del carácter de las personas, y de una honestidad profesional tal que le lleva a arrostrar sus decisiones sin dejar la basura para el que venga detrás. Una buena película para proyectar en el Congreso de los Diputados, en las salas de juntas de cualquier empresa o simplemente en los hogares de una familia corriente y moliente.

Porque Locke trata de eso, del dilema moral entre hacer lo correcto o poner parches a la vida, y por esa razón es, ya, desde su estreno, un clásico reducido a la quintaesencia: con un escenario mínimo, un héroe, un conflicto, una decisión y la tensión generada en el espectador por su resolución. Pero es algo más: una de las más hermosas enseñanzas éticas que nos ha regalado el cine en los últimos años.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *

Puedes usar las siguientes etiquetas y atributos HTML: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <strike> <strong>