Entrevistamos a Guillaume Gallienne, “Guillaume y los chicos, ¡a la mesa!”

guillaumeGuillaume Gallienne. Hijo de una familia burguesa, tradicional, y muy apegada a los estereotipos de otra época. O quizás a los de esta época aún. Actor prolífico tanto de cine como de teatro. “Les garçons et Guillaume, à table” (“Guillaume y los chicos, ¡a la mesa!”) es su primera película como director (de la que también es guionista e interpreta a dos de los personajes) y llegará a nuestros cines el 28 de marzo.

Está basada en la obra de teatro del mismo nombre, que se mantuvo en escena durante varios años tanto en Francia como en diversos países. Tras el éxito del teatro, consigue llevarla al cine (su idea original), y triunfa también en la gran pantalla, obteniendo numerosos premios, como 10 nominaciones a los premios César incluyendo Mejor Película; la Quincena de Realizadores: Art Cinema Award y Premio SACD en el Festival de Cannes, y Sección oficial largometrajes a competición en el Festival de Gijon.

A pesar de todo esto, Guillaume Gallienne continúa siendo una persona encantadora, sensible, cortés, y educada.

La entrevista comenzó dos horas tarde, pues el novel director intentaba contentar a todos los periodistas, darles siempre cinco minutos más de tiempo para una última pregunta, para responder algo, para que se fueran satisfechos. La productora insistía en que la espera valdría la pena. Y aunque todos teníamos otros compromisos, así ha sido. Gallienne nos recibió haciendo bromas, sonriendo, como si estuviéramos en el salón de su casa.

Habló relajadamente, y en muy buen español, de política y actualidad, de su opinión sobre la falta de diferenciación entre izquierdas y derechas en el mundo actual, y la necesidad de diferenciarse por lo tanto en asuntos sociales; habló de las reacciones que ha podido ver en el público, a su película, de tanta gente saliendo del cine, haciendo comentarios como “Pero entonces era realmente gay, no?”, y de cómo esa clase de reacciones demostrarían de algún modo que tiene razón de contar esta historia, que hay gente que no puede salir del esquema. Dijo que él la entiende como una película sobre los clichés, sobre el miedo, el miedo de asumir el propio sexo, ya no la sexualidad, el temor de corresponder o no a las expectativas del entorno. Y a la vez como una película sobre la gran burguesía. También habló de sus próximos trabajos, de una película que tiene en mente desde hace doce años, sobre una mujer criada en un ambiente rural muy cerrado y estricto.

guillaume2Mundoplus: ¿Siendo una película tan autobiográfica, ha cambiado su relación con amigos y familia, después del estreno?

Guillaume Gallienne: ¡No, no no! Porque mi familia es la cosa más querida de mi vida. Entonces no podría hacer una cosa que pudiera doler a alguien de mi familia. Todo lo que está en la película fue discutido, digerido. Las cosas que no podían salir, no están en la película.

Primeramente, antes de hacer la obra de teatro, yo he leído todo el texto a mi madre. Pero no en su casa ni en la mía. Fue en mi camerino del teatro. Para que ella entendiera que es un objeto teatral, que no es la verdad. Su reacción fue elegantísima: me ha mandado flores el día del estreno. Eso es tener clase. Y durante el rodaje de la película, le iba enseñando escenas rodadas, y ella se partía de risa. Somos muy cómplices en el humor.

Ella siempre me ha hecho reír, y lo sabe; le gusta el público que soy para ella. Y es muy curioso, porque está haciendo lo mismo con mi hijo. Mi hijo la encuentra muy, muy divertida. Él la llama Babushka. Y dice: “Babushka, es muy divertida. Dice muchas palabrotas. Cuando juega al Ipad, siempre dice “Mierda, me han vuelto a comer”"

La película no es una imitación de mi madre, si no su encarnación. La he interpretado yo mismo, pues sabía que el personaje sería más fuerte que el travestismo. Entonces que la gente olvidaría que era yo. Y olvidando que era yo, podían entender hasta qué punto yo me olvido en esta elección. Mi mamá siempre me ha hecho reír. Yo sé muy bien dónde está su humor y dónde su pudor. El texto por momentos es un poco duro, pero haciendo yo de ella, podía defenderla mejor.

M: ¿No se han sorprendido los amigos o conocidos, al enterarse de ciertas partes de tu vida?

G.G.: No. Lo que quizás ha cambiado un poco es la notoriedad. Pero la historia, no. Hay amigos que se han emocionado, que han dicho “Ups, las ha pasado putas”, pero solo algunos. La mayoría no.

M: ¿De quién fue la idea del montaje, alternando escenas en el teatro con escenas de familia?

G.G.: Eso fue muy difícil. Fue la parte más difícil del trabajo. En la escritura y en el montaje. Ya en el primer montaje salió una hora y media de película. Hoy dura una hora y veinticinco minutos. Dosificarlo fue lo más difícil.

He filmado el teatro como una realidad, como un documental. Pero cuando llegamos a la historia, esta gran burguesía está filmada de una manera muy teatral, con un marco de oro, con un plano casi fijo. La interpretación es muy pasiva, muy alargada, porque yo quería cinemascope, pero al mismo tiempo es muy teatral, ¿no?

guillaume3Es poco a poco que este joven demasiado pasivo, demasiado bien educado, habitado por demasiados miedos, se va levantando para ser un actor, activo, y se va liberando al mismo tiempo de las etiquetas. Eso duele un poco, algo del pegamento queda, pero al final se lava. Y uno se acostumbra. El decorado, la manera de actuar, y la manera de filmar, se van simplificando, depurando. Hay más movimientos, más accidentes… Hasta que finalmente es la realidad del teatro, se reúne.

Porque en mi vida es lo que ha ocurrido. Gracias al teatro, yo he tenido un sentido de la realidad. Antes, la realidad era películas en mi cabeza. Siempre sabía dónde estaba la cámara. Era una manera de escapar, de salvarme. Siempre que me encontraba en una situación que no me era agradable, inmediatamente yo me decía: “Pues, es una película”.
Por ejemplo, cuando mi madre me mandó a La Línea de la Concepción, mi reacción fue la de un pequeño snob, de: “¡Ay, que feo!”, pero para protegerme, para salvarme, como hacía muy poco había visto “Mujeres al borde de un ataque de nervios”, enseguida me dije: “Ah, es una película de Almodóvar, todo bien”.

Después cuando mis padres me mandaron a mitad del curso, tres años a un internado en Inglaterra, he hecho lo mismo: “Estoy en una película de James Ivory, voy a estar enamorado de este chico que parece un poco como un actor”… Mis clichés.

Y es el teatro que me ha permitido quitar esta manera de funcionar, de tener crisis con la realidad. Después, la dificultad está en no preferir el teatro a la vida. Porque a veces, se prefiere la realidad del teatro. Eso es lo difícil. Pero por suerte yo sigo estando muy bien rodeado.

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