“Rush”: la victoria final

rushComo casi todos los españoles, me pseudoaficioné a la Fórmula 1 con Fernando Alonso. Pero ver una película sobre Fórmula 1 no era algo que entrase dentro de mis planes. Hasta que conocí a Daniel Brühl. Si soy sincera, mi incapacidad para reconocer a la gente no me había hecho caer en que lo había visto en Goodbye Lenin aquél día de las navidades de 2011 en que visioné Eva, una película que me sorprendió gratamente.

Entonces, decidí que podía ver Rush. Además trataba sobre Niki Lauda y estaba aprobada por el propio piloto, a quien le había gustado. Dice mucho de una película cuando el personaje retratado se reconoce en ella. Parece mentira, pero muchas veces nos muestran a personajes reales que no se reconocen, ni ellos ni quienes los conocen. Pero en este film Lauda se quedó encantado con la interpretación de Brühl.

A través de la narración de Lauda (que, para mi gusto, sobra, como casi todos los offs del cine) nos metemos en la piel de dos de los grandes pilotos de F1 de los años setenta, James Hunt y Niki Lauda: uno el vividor, el amado, el loado; el otro el serio, el antipático de mente brillante. Uno lo daba todo hasta el extremo, hasta la muerte misma; el otro se encaró con la muerte, bailó con ella y la dejó plantada.

El argumento no se termina con el terrible accidente de Lauda en Nürburgring en 1976, sino que se convierte en el punto de inflexión de la película. Primera parte, el ascenso de Lauda y Hunt, las mejoras mecánicas y la visión del austriaco y la vida de excesos de Hunt.

El accidente funciona como nudo, vemos lo que pasa, cómo lo viven ambos y la entereza con la que Lauda supera una desfiguración causada por las quemaduras. Cómo sus ansias de ganar, su competitividad, lo llevan a seguir luchando por el campeonato. Y también, en ese punto, vemos la enorme diferencia entre Hunt y Lauda pues, a riesgo de perder el campeonato, Lauda decide no arriesgar su vida por un podio.

En esta historia se enmarcan esas diferencias a través sus virtudes y sus defectos en una continua lucha en la pista y en la vida cotidiana. Cómo desde el principio es Hunt el que le gana la partida a Lauda y cómo éste se supera para ganarle “la carrera” de la vida. De hecho, cuando todo termina, vemos que el uno sin el otro no hubiesen sido. Sobre todo Lauda. Y ahí es dónde radica lo positivo de la competitividad: nos quieren hacer competitivos los unos con los otros, buscando la destrucción, cuando, realmente, la verdadera competitividad, la sana, es aquella que nos aporta lo positivo: la lucha que nos lleva a la auto-superación, emocional, profesional y personal.

rushbruhlCreo que el guion es mejorable, eso no lo pongo en duda, la película funciona bien y la parte técnica y la historia hacen que el guion sobreviva a una valoración negativa. Pero cambiaría cosas, puesto que hay partes que se hacen tediosas. Sin embargo, como ya he dicho, todo lo que rodea al guion hace que se perdonen esas carencias o, al menos, que se pasen por alto. Realmente, se trata de enmarcar y enfatizar esa abrumadora diferencia entre dos personas tan diferentes y tan iguales al mismo tiempo.

Me gustaría destacar, por encima de todo, la fotografía de la película. Me ha gustado mucho, envuelta en un aura de humo de combustión, de asfalto y de Europa: gris, verde oscuro, amarillos otoñales. Fenomenal, para mi gusto. Muy estética, para ser sinceros. Ron Howard (Cinderela Man, El Código Da Vinci) sigue su marca de la casa, puesto que si recordamos sus otras películas, siempre utiliza estas tonalidades y texturas fílmicas. Pero en esta, en concreto, le viene al pelo y sin duda no tiene ni punto de comparación con la mediocridad de las adaptaciones de las novelas de Dan Brown (poca calidad que adaptar).

Por otra parte, en el campo interpretativo, la abrumante diferencia técnica entre Hemsworth (Thor) y Brühl es visible en cada escena compartida, sin embargo el australiano salva su personaje muy dignamente. Le viene como anillo al dedo, eso está claro. Guaperas, vividor, tortuoso. Y Brühl por su parte, en su línea, muy expresivo, sobre todo con su mirada y sus gestos. De hecho me gustaría visionarla nuevamente en V.O. (fallo mío, qué le vamos a hacer) puesto que la película se desenvuelve en diferentes idiomas (inglés, alemán, italiano) y creo que se le puede sacar mayor partido a todos los actores (sobre todo Brühl y Alexandra María Lara) viéndolos en sus propios idiomas.

Me gustaría resaltar que me sorprende mucho que teniendo un actor de la inmensa calidad como la que tiene el catalán Daniel Brühl, nos sigamos obnubilado con los Pes y Bardems y Banderas que se pasean por Hollywood. Una auténtica pena. Como siempre, nos puede el “postureo marca España”.

Por último, apuntar que la revista británica Empire la eligió como la tercera mejor película de 2013, sólo superada por Gravity y Captain Phillips. Por algo será ¿no?

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