El anuncio de la creación de una plataforma única ha puesto de manifiesto la diferente sensibilidad que existe en el Gobierno sobre esta cuestión. Mientras el vicepresidente económico, Rodrigo Rato, ha remitido la decisión última a las autoridades de la competencia europeas, el ministro de Fomento, Francisco Álvarez-Cascos, se ha mostrado radicalmente contrario a la misma.
Según fuentes próximas a la operación, el presidente del Gobierno, José María Aznar, fue informado el pasado martes 30 de abril, aunque no se definió sobre la misma. Los presidentes de Telefónica, César Alierta, y de Prisa, Jesús de Polanco, la plantearon como un problema de supervivencia económica, ya que si no afrontaban una fusión corrían el riesgo de quebrar como Kirch y la británica ITV.
Ante la fusión, la práctica totalidad de los miembros del Gobierno optaron por la cautela, a excepción del ministro de Fomento. Álvarez-Cascos criticó con contundencia la fusión afirmando que «si los monopolios públicos son rechazables, los privados son insufribles». Se mostró convencido de que el servicio de Defensa de la Competencia «actuará de manera clara y concluyente, por lo que dejará chico el dictámen sobre Endesa e Iberdrola». El titular de Fomento, artífice de la ley del Fútbol, expresó su sorpresa por el hecho de que Telefónica «esté en una posición minoritaria cuando es el operador más fuerte desde la perspectiva tecnológica.