Netflix está cambiando su forma de hacer cine. La plataforma, que durante años se convirtió en el gran refugio de directores, estrellas y proyectos que buscaban presupuestos amplios y libertad creativa, ha entrado en una etapa mucho más controlada. Bajo el mando de Dan Lin, responsable de la división cinematográfica desde abril de 2024, el objetivo pasa por producir menos películas, ajustar mejor los costes y apostar por títulos capaces de funcionar de forma clara dentro del catálogo.
El nuevo Netflix ya no quiere comportarse como un estudio clásico
El cambio de rumbo ha sido analizado por «The New York Times», que describe cómo Netflix ha endurecido su relación con Hollywood y ha cambiado la manera de aprobar, producir y medir sus películas. El contraste con la etapa anterior es evidente: Scott Stuber sedujo a cineastas como Martin Scorsese o Guillermo del Toro con grandes presupuestos y una mayor sensibilidad hacia los estrenos en salas, mientras que Lin representa un perfil más ejecutivo, más directo y mucho más pendiente de cuánto debe costar cada proyecto.
El propio artículo resume el cambio con una idea muy clara: Netflix ya no necesita convencer a Hollywood de que pertenece al club. Tras imponerse en las guerras del streaming, la compañía parece menos interesada en reproducir los rituales de la industria tradicional y más centrada en hacer películas que encajen con los hábitos reales de sus usuarios. Lin no reporta directamente a Ted Sarandos, sino a Bela Bajaria, directora de contenidos procedente del mundo de la televisión, un detalle que ayuda a entender el nuevo enfoque: pensar menos como un estudio de cine clásico y más como una plataforma global.
Menos películas, pero más pensadas para el catálogo
La consigna interna es gastar menos dinero en menos películas, pero mejores. Lin ha reorganizado sus equipos por géneros, ha pedido a los ejecutivos que busquen y desarrollen más proyectos desde dentro y ha reducido la dependencia de los paquetes cerrados que llegan desde las agencias con director, estrellas y guion ya vinculados. La idea es que Netflix no espere a que Hollywood le lleve la película terminada sobre el papel, sino que participe antes en la construcción de aquello que quiere estrenar.
El volumen, en cualquier caso, sigue siendo enorme. En sus dos años al frente de la división, Lin ha dado luz verde a 88 películas, una cifra inferior al ritmo de la etapa anterior, pero muy superior a la de los grandes estudios tradicionales, que suelen aprobar alrededor de 12 o 15 títulos al año. Esa escala obliga a Netflix a pensar por géneros, públicos y consumo dentro de la aplicación, más que por prestigio industrial o temporadas de premios.
«Apex» marca el tipo de éxito que busca Netflix
Uno de los ejemplos más claros de esta nueva etapa es «Apex», thriller de supervivencia protagonizado por Charlize Theron y ambientado en la naturaleza salvaje de Australia. La película se estrenó en abril en Netflix, alcanzó el número 1 de la plataforma y superó los 100 millones de visualizaciones en sus primeros 30 días, convirtiéndose en uno de los modelos que mejor explican lo que busca ahora la compañía: cine comercial, reconocible, con estrella potente y pensado para funcionar globalmente en streaming.
Netflix también quiere reforzar géneros que los estudios tradicionales han ido dejando en segundo plano, como las comedias, las comedias románticas y las adaptaciones literarias. Ahí encaja «People We Meet on Vacation», basada en la novela de Emily Henry, que superó los 17 millones de visualizaciones en su primer fin de semana con Emily Bader y Tom Blyth como protagonistas. La apuesta es relevante porque no se apoyaba en dos grandes nombres, sino en la adecuación del reparto al tipo de película que Netflix quería ofrecer.
«Narnia» será la gran excepción cinematográfica
La nueva estrategia no significa que Netflix renuncie a los grandes nombres. En su próxima cartera aparecen proyectos como «Here Comes the Flood», con Denzel Washington y Robert Pattinson bajo la dirección de Fernando Meirelles, o una película conocida de forma no oficial como «The Adventures of Cliff Booth», con Brad Pitt, David Fincher y guion de Quentin Tarantino. Pero el caso más llamativo será «Narnia: The Magician’s Nephew», dirigida por Greta Gerwig y prevista para 2027.
La película de Gerwig se perfila como una excepción dentro de Netflix porque se espera que cuente con un estreno completo en salas, algo que la plataforma no ha concedido a ninguna otra película. Lin insiste, sin embargo, en que eso no supone un cambio general de política: «Narnia» será un caso especial, no el inicio de una vuelta masiva de Netflix al cine tradicional.
Netflix entra así en una fase más fría, más calculada y menos pendiente del viejo glamour de Hollywood. La plataforma seguirá trabajando con estrellas, directores importantes y grandes propiedades, pero bajo una regla distinta: cada película debe justificar su presupuesto, su público y su lugar dentro de un catálogo que ya no necesita agradar a la industria para demostrar su poder.
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