La Unión Europea reafirma su compromiso de defensa mutua en el caso de agresión en el territorio de un estado miembro. Lo hace a petición de Finlandia y Suecia, que no son miembros de la OTAN y que sienten muy próximas las amenazas de Rusia. Un equipo de Informe Semanal ha estado en Finlandia, donde la invasión de Putin a Ucrania ha hecho subir el porcentaje de partidarios de adherirse a la OTAN mas de 20 puntos, desde el 30 al 53 por ciento. El sábado 12 de marzo a las 21:30 horas por La 1 de TVE y el Canal 24 horas.
«Es un cambio realmente brusco en casi todas las encuestas», nos dice Teivo Teivainen, catedrático de Política Mundial en la Universidad de Helsinki. Añade que los que han cambiado de opinión y quieren ahora entrar en la OTAN no defienden esa postura porque realmente lo deseen «sino porque entienden que Rusia no deja otra alternativa».
En la frontera hemos visto también como cada día llegan a Finlandia centenares de ciudadanos rusos que dejan atrás su país para evitar el impacto de las sanciones impuestas por Occidente. Suspendidos los vuelos, llegan por carretera y también en el tren de alta velocidad que dos veces al día sigue uniendo San Petersburgo con Helsinki.
También nos hemos desplazado a Tallin, la capital de Estonia, una de las tres repúblicas bálticas que se independizaron tras la caída de la URSS y entraron en la Unión Europea y en la OTAN. Sus líderes sienten que sus países están especialmente expuestos porque tienen frontera con Rusia, y en el caso de Letonia y Lituania, también con Bielorrusia, que participa junto a Moscú en la agresión sobre Ucrania.
Mujeres de tierra
Casi un cuarto de millón de mujeres trabaja en España en el campo, en la agricultura y en la ganadería, pero solo el 26 por ciento de ellas son jefas de explotación. La escasez de servicios y las escasas posibilidades de encontrar trabajos bien remunerados llevan a muchas a abandonar el medio rural, pero también son numerosas las que han hecho el camino inverso.
En Informe Semanal hemos estado con varias de esas mujeres, como María Páez, ingeniera forestal y ahora ganadera en Ourense. Está, nos cuenta orgullosa de un trabajo necesario también para mantener el medio rural. «Si no hay nadie que lo mantenga, se lo come el fuego… En un pueblo, donde no hay ganado no hay vida».
Susana Lahuerta, cambió su vida de interiorista en Zaragoza por la de truficultora en un pueblo de Teruel. «El campo, afirma, te da arraigo, es duro, ¿eh?, ¡hace un frío aquí!, pero es gratificante». En Extremadura, María Pia dejó su trabajo de ejecutiva en banca para dedicarse al campo desde una perspectiva ecológica. Es, nos dice, un mundo «muy masculinizado», en el que la brecha de género pone difícil abrirse camino. «Yo he llegado a notar que a mí me daban un precio, luego llamaba mi marido como si fuera de otra ganadería distinta, y le daban un precio muy superior», relata.
En Huelva, las mujeres son el 70 por ciento de la mano de obra que recoge fruto rojo. Muchas llegan de otros países con poca información sobre las condiciones de trabajo y sus derechos. Hablamos de esa situación con Ana Pinto. Recogió fruta durante 16 años y ahora es portavoz de «Jornaleras en lucha» un colectivo que, dice, cubre un hueco poco atendido por los sindicatos mayoritarios. «Sin apenas medios, nosotras en dos años llevamos denunciadas a una veintena de empresas y hemos ganado 5 o 6 demandas por despido y cantidad», asegura con orgullo.
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