“El misterio de Hanging Rock”: más allá del enigma un drama en el que las apariencias engañan

hangingrock¿Cómo quieres contar un misterio? Hay mil y una formas de hacerlo. En la narrativa escrita o visual vale casi todo para contarnos una historia, con un gran misterio que hay que desvelar, pero ¿qué ocurre si el hecho principal se cuenta al principio de la narración? ¿Qué podemos esperar para que nos sorprenda? Quizá todo o quizá nada. Solo hay que entrar en el juego de las apariencias, de los dobles sentidos, de las insinuaciones y las miradas. Y si no te pierdes, si te da igual resolver el misterio, pero si sus consecuencias y todo lo que le rodea, y sabes diferenciar entre lo real y lo imaginario, seguro que disfrutaras de “El misterio de Hanging Rock”.

Antes de continuar, reconozco que no había oído hablar de la novela de Joan Lindsey. Una obra que según he podido comprobar, investigando para este artículo, está considerada como una de las novelas de culto de la literatura anglosajona del siglo XX. Tampoco tenía noticias de la adaptación cinematográfica que Peter Weir (si, el mismo que dirigió El club de los poetas muertos o El show de Truman) realizó en 1975 y que aumentó la popularidad de la novela y se convirtió a su vez en un film de culto que influyó en Sofía Coppola o Damon Lindelof. Y a pesar de todo, creo que ayuda a disfrutar más de lo que ofrece esta miniserie que COSMO estrena este próximo domingo 24 de junio y de la que he podido ver los dos primeros episodios, de los seis que consta esta cuidada producción australiana.

Paisajes agrestes, salvajes. Jóvenes que intentan vivir una vida diferente en una sociedad victoriana que predefine su existencia. Personajes con un pasado que siempre vuelve. ¿Qué hay de imaginación y qué de realidad en lo que vemos? Dos preguntas que llegas a hacerte como espectador de “El misterio de Hanging Rock”. Es una de las claves a lo largo de los dos primeros episodios, jugar con el espectador, para no dejarle claro si lo que está viendo y lo que ven los personajes es algo real o algo que simplemente han soñado. En eso la literatura ha dado muchos referentes que de algún modo u otro conseguían jugar con el lector. Desde clásicos decimonónicos como Wilkie Collins, Poe o Henry James, hasta alguno más contemporáneos como Tim Powers o Neil Gaiman. La línea entre lo real y la fantasía es muy delgada y el guion de esta nueva adaptación de la obra de Joan Lindsey sabe jugar, al menos en sus dos primeros episodios, con nosotros dejándonos con la duda de si lo que vemos es fruto de un hecho sobrenatural, algo que han imaginado los personajes o un simple hecho fortuito.

“El misterio de Hanging Rock” nos traslada a Australia en el año 1900. Cuando todavía nuestras antípodas eran una colonia de Reino Unido. “En el fin del mundo”, como dice Hester Appleyrd (una inquietante Natalie Dormer) al comienzo del primer episodio. Un exclusivo colegio de señoritas es el lugar donde da comienzo todo. El principio y el fin. Allí ordena y manda la ¿viuda? Appleyard, una imponente Natalie Dormer que intenta hacer ver a sus alumnas cuál es su lugar en una sociedad como la victoriana que ella misma detesta ¿Contradicción? Tal vez saber remar a favor de corriente en un mundo de apariencias, de represión e hipocresía.

hangingrock2El día de San Valentín, las alumnas de este exclusivo colegio van de excursión a una formación rocosa de origen volcánico llamada Hanging Rock. Tras el picnic, cuatro de las jóvenes y una profesora desaparecen sin dejar rastro. Una de las alumnas regresará, aunque ya sea por la insolación, ya sea por el miedo, es incapaz de recordar qué ha ocurrido. Ya tenemos un misterio que resolver. O ¿tal vez no? ¿Hay algo de sobrenatural en Hanging Rock? ¿Quién es realmente Hester Appleyard? ¿Qué secreto esconde? ¿Qué relación mantenían Miranda, Marion e Irma, las jóvenes desaparecidas? ¿Realmente importa todo esto o hay que mirar más allá de la apariencias?

“El misterio de Hanging Rock” sabe jugar al despiste con una historia que no tiene nada que ver con un thriller de época al estilo de “El Alienista”. Si no más bien con una narración que mezcla sabiamente el suspense, con el drama victoriano (con un diseño de producción impecable), aderezado con algún toque sobrenatural, con una estética plagada de bellos paisajes y una atmósfera por momentos asfixiante, rematando con un retrato social de la época que sirve de espejo a la situación que viven actualmente las mujeres en nuestra sociedad. Así que misterios aparte, merece disfrutar de esta miniserie en la que los personajes y la ambientación brillan con luz propia.