Si la aterradora realidad no es suficiente, te gustará “The End of the F***ing World”

fuckingworld¿Es una historia de amor? ¿El viaje de dos jóvenes incomprendidos en un mundo que se va a la mierda? A veces uno no sabe muy bien porque empieza a ver una serie. El boca a boca, una critica en internet, una imagen que te llama la atención, la recomendación de un amigo o simplemente la combinación de aburrimiento y mando a distancia que de vez en cuando nos domina. En el caso de “The End of the F***ing World” me enfrenté a esta serie con la curiosidad derivada de todo lo mencionado anteriormente. ¿La conclusión? Una serie aunque corta en duración, no necesita más para darnos un puñetazo donde más duele.

A veces las ideas nos fluyen por la mente a raudales y en otras ocasiones, estas nos esquivan haciéndonos sentir que no tenemos nada que contar. Como le ocurre al protagonista de la estupendisima película “El Autor” que protagoniza Javier Gutiérrez, lo peor de alguien que tiene que escribir es enfrentarse al folio (o la pantalla) en blanco. Porque incluso teniendo muchas ideas en la cabeza, estas no terminan de salir o si salen te dan la impresión de que cuando las plasmas en un documento no quedan tan bien como habías imaginado. Tenía mucho que contar de “The End of the F**ing World”, una de esas series que en enero se convirtieron en la comidilla de programas de radio, podcast y blog especializados. Cuando la vi (lo hice en sesión casi maratoniana) pocos días después de su estreno en Netflix, me vinieron a la mente mil y una ideas para analizar sesudamente esta sorprendente serie sobre esta juventud a la que los adultos no entendemos. Es el ciclo de la vida. Los jóvenes siempre han (hemos) sentido que son (somos) unos incomprendidos. Y sin embargo me estanqué. Se paró todo, no sólo con este sino con otros muchos artículos que tenía pendientes y de los que quería, me hubiera gustado haber publicado.

Ahora que de nuevo fluyen las palabras, aunque la moda de la serie haya pasado, no quiero dejar pasar la oportunidad de comentar una serie que por méritos propios se ha convertido en una de las sorpresas agradables de lo que va de año. Porque ”The End of the F**ing World” es como una locomotora que te arrastra sin remedio. Sin pausa, con pasión, con un ingenio insuperable, la serie creada por Jonathan Entwistle basada en la novela gráfica de Charles S. Forsman te golpea con fuerza en el ánimo y en la conciencia. Y es que está serie aunque este protagonizada por dos adolescentes, no es una serie juvenil al uso. No hay glamour, ni hay tópicos de andar por casa. Estamos ante un viaje de dos personajes, dos jóvenes que no se sienten parte de ningún sitio. Hijos incomprendidos, dos bichos raros (al menos para un adulto) que buscan su lugar en el mundo.

James se define a sí mismo, en su mente, como un psicopata. Está convencido de ello y así nos lo cuenta, a través de sus pensamientos en los que nos muestra que ha hecho en el pasado y que piensa que lo ha convertido en lo que es. Es un joven que no siente nada o que cree que no siente nada. Huérfano de madre, con un trauma infantil que le persigue desde que era pequeño, siendo incapaz de compartir la impotencia que le carcome por dentro. Sin embargo, cuando conoce a Allysa algo pasa. Algo cambia. En ese momento decide que ella será su primera víctima humana. Pero, curiosamente en esta joven rebelde James encontrará el catalizador que necesita para vivir, para mirar hacia delante, para en definitiva sentir.

fuckingworld2Y es que el personaje de Allysa se convierte no ya en el contrapunto de James sino en el eje principal de lo que les va a ir sucediendo a ambos en ”The End of the F**ing World”. Esta joven rebelde que se siente apartada de su familia tras la marcha de su padre, hará que James se plantee que sentir es posible. Pero Allysa es algo más que una joven rebelde que destroza su móvil enfadada, por esa horrible costumbre en la que se ha convertido que todos estemos mirando nuestro smartphone mientras comemos con los amigos o la familia. Como James, se siente fuera de lugar, aislada e incomprendida. Con un padrastro con las manos demasiado largas (menudo eufemismo me he sacado de la manga) y una madre que no quiere ver que esta perdiendo a su hija, Allysa se ve empujada a una huida hacia delante en la que convence a James para que sea su compañero de viaje. Al más puro estilo de unos Bonnie and Clyde modernos, estos dos jóvenes cuyos pensamientos y sus actos no siempre van de la mano, iniciaran un viaje de autodescubrimiento que les llevará a conocerse más de lo que hubieran imaginado.

“The End of the F**ing World” es cruda, directa, no se anda con tapujos sobre la realidad adolescente. En apenas ocho episodios de poco más de 22 minutos cada uno, los dos protagonistas pasaran por todo tipo de situaciones. Algunas absurdas, otras aterradoras y la mayoría definitorias de su personalidad. Porque finalmente estamos (como ya he mencionado) ante una serie de dos jóvenes que buscan su sitio, aunque su viaje hacia ese lugar que todos buscamos, no pasa precisamente por un camino de baldosas amarillas.

James y Allysa, Allysa y James van evolucionando, van descubriéndose así mismos como personas y al otro como compañero y algo más. Cada uno se va transformando, liberandose de sus miedos, de sus temores, haciéndose responsables de sus actos. ¿Madurando? ¿Amando? Al final terminas la serie pregunta a ti directamente si es amor cuando sólo es necesidad de no estar solo, de ser aceptado por otro, sin condiciones, sin preguntas. Cada uno seguro que tiene su respuesta pero como escuchamos en una de las conversaciones de los protagonistas: “Las personas no pueden ser respuestas en si mismas, sino que generan más respuestas”.
¿Lo has pensado alguna vez?