“Valkyrien” es una decepción de principio a fin

valkyrienLos mitos están para destruirlos está claro. Puede que la crítica especializada en particular (¿soy yo parte de esa “élite”?) tenga en un pedestal a cualquier producción que venga del norte de Europa. Y si le ponemos el sello de nordic noir mejor que mejor. Llamémosle postureo o digamos que es una corriente de opinión condicionada. Y aunque es evidente que el nivel de lo que viene de Escandinavia es en su mayoría superlativo, siempre hay excepciones. Y este es el caso de “Valkyrien”, serie noruega estrenada el pasado 28 de noviembre en Filmin y que no cumplió con las expectativas que albergaba cuando me dispuse a verla.

De primeras, dejar claro que sigo sin entender la manía de vender una serie como la nueva tal, la respuesta a. Comparar no ayuda precisamente a conseguir una visión adecuada de la serie que vas a ver. Y vender “Valkyrien” como la respuesta escandinava a “Breaking Bad” me parece tan absurdo como el intento de mil y un productores de encontrar en su día la nueva “Perdidos” o en la actualidad la búsqueda de una heredera de “Juego de Tronos”. Los éxitos, en este caso televisivos, son hijos de su tiempo, del momento en el que se estrenaron, de las circunstancias que los rodearon y pretender imitarlos solo consigue crear copias malas que terminan en un top manta de series mediocres.

¿Es “Valkyrien” por tanto una serie mediocre? En absoluto. ¿Me ha decepcionado? Se puede decir que si. Tras disfrutar mucho con las vivencias de las tres protagonistas de “Young and Promising” me adentré en el visionado de esta nueva serie de Filmin con ganas de seguir viendo algo diferente y con gancho. Y aunque el planteamiento de inicio es mas que interesante, la serie se convierte poco a poco en un pequeño dislate que acaba en un sinsentido difícil de entender.

“Valkyrien” nos plantea de inicio la desesperación de Ravn, un reputado médico, por encontrar la cura a la enfermedad terminal que consume a su esposa (también médico). Esa desesperación le lleva a trasladarse a unas instalaciones subterráneas bajo la estación de metro Valkyrien en la ciudad de Oslo. Esto es lo primero que no termina de encajar, ya que en ningún momento se termina de explicar claramente como acaba allí y como termina conociendo a Leif, un teórico de la conspiración, encargado del mantenimiento y conservación de los refugios subterráneos utilizados por la población durante la Segunda Guerra Mundial. Ambos se supone que llegan a una especie de pacto que poco a poco se irá complicando de manera exponencial. No soy de los que odian porque si los Deux ex Machina, si me permiten disfrutar de una buena historia pero en el caso de “Valkyrien” está se hace enrevesada con el paso de los episodios sin terminar de explotar su potencial.

La serie toca diferentes temas que podrían haber dado mucho juego pero que se quedan a medio camino. Desde la ética de la experimentación médica para conseguir una cura, en la que terminan enfrentados la necesidad de los avances médicos frente a la falsa moral. Pasando por la visión de las nuevas generaciones que no saben nada de su pasado y que viven un presente en el que no entienden lo que cuesta tener algo y conseguirlo. Terminando por la economía sumergida que convive día a día en los países del primer mundo, un capitalismo debajo del otro capitalismo, sin el que nuestra sociedad desarrollada no podría subsistir. Al menos así piensa el personaje de Leif.

Y así, vamos deambulando por la serie. Con una clínica clandestina que empieza a operar en los bajos de la estación y que trata a pacientes que no quieren o no pueden acceder a la vías legales de la medicina. A lo que hay que sumar a un ladrón de bancos fugado de la policía cuya novia está a punto de dar a luz, una hijastra que se siente abandonada por su padre y a un policía que investiga la filtración que provocó el robo frustrado del banco. Y al final acabas con una serie que quiere contar algo pero que no sabe como hacerlo. ¡Y eso que sólo consta de 8 episodios!. Pero “Valkyrien” no termina de enganchar, ni por el guión ni por los personajes ni por su desenlace al que se llega sin muchas esperanzas de que arregle lo que ha ido yendo mal durante todo el trayecto. Una oportunidad perdida.