“La Mantis”, un thriller policiaco previsible a pesar de su interesante premisa

lamantisNo puedo negar que el género policiaco con cada una de sus vertientes posibles, es uno de mis géneros favoritos cuando hablamos de ficción televisiva. Y ahora que la oferta es cada vez mayor y con tantas plataformas donde elegir se hace difícil acertar entre todo lo que llega a nuestras pantallas cada semana. Por eso, cuando se estrenó a finales de 2017 en Netflix la miniserie francesa “La Mantis”, decidí darle una oportunidad, por un lado por su argumento (historia de asesina en serie y un imitador de por medio) y por otro por su corta duración. Sin embargo, tras verla casi de un tirón he de reconocer que la decepción ha sido mayúscula.

De inicio “La Mantis” presenta una premisa más que interesante. Hace 25 años una serie de asesinatos conmocionaron al país vecino. Dichas muertes fueron perpetradas por Jean Debert, asesina confesa que recibió el nombre de La Mantis. Tras su captura fue encarcelada en confinamiento solitario. Pasado el tiempo ¿un imitador? está copiando fielmente los asesinatos llevados a cabo por la asesina en serie mas temida de Francia. Con la investigación en punto muerto y con la opinión pública al borde de la histeria, el comisario Ferracci (responsable del caso) recibe la propuesta de la propia Mantis, a quien él encarceló hace 25 años, de ayudar con la investigación. Su única condición: sólo hablará con su hijo que ahora es polícia.

Como veis, la serie a priori se presentaba con una interesante premisa de partida. Con la historia de una asesina en serie (algo poco habitual en el cine y la televisión) que pasados los años comienza a ser imitada por otro asesino que copia fielmente sus asesinatos. Unos crímenes con un estilo muy cercanos al estilo visual que marcó en su día “Seven”, la película de David Fincher. Pero a pesar de esa truculencia aparente, la fachada de thriller psicológico esconde una serie bastante floja en términos generales que no acaba de dar lo que prometía.

Lo peor sin duda el reparto. Falto de carisma en general y de los protagonistas principales en particular. Con una Carol Bouquet que toma el papel de La Mantis pero que sólo es una mera presencia, fría, sin carisma, con esa mirada hierática durante casi toda la serie que pretende transmitir dureza pero que sólo nos deja indiferentes. No aporta lo que debería como una temida asesina en serie. Y a su lado Fréderic Testot, en el papel de Damien, el hijo de Jean Debert (La Mantis), convertido en policía y que a priori debería lidiar con el conflicto de encontrarse con su madre a la que no ve desde que tenía 7 años. Sin embargo, este termina siendo un personaje sobreactuado que en la primera parte de la serie si transmite ese dolor oculto durante años pero que acaba como una caricatura de si mismo, ni policía, ni hijo, ni justiciero.

Y en cuanto al guion, aunque al principio nos ofrece algún giro interesante y alguna sorpresa inesperada, la trama se vuelve a cada paso previsible, contando además con una producción más cercana a un telefilm de segunda. El imitador de La Mantis finalmente se convierte en un asesino de manual del que sin demasiado esfuerzo terminas conociendo su identidad y cuyas motivaciones terminan siendo las habituales del género.

Ni el planteamiento de “el origen del mal” como causa-efecto del “nacimiento” de una asesina en serie, ni la presencia de Jacques Weber (Cyrano de Bergerac) ni el sorprendente giro final, salvan a una serie llena de tópicos, con un guión previsible y un reparto sin carisma. Lo mejor, la canción de cabecera que si transmite en apenas un minuto lo que no es capaz de hacer el resto de cada uno de los episodios de “La Mantis”. Una lástima.