El ejemplar ritmo de Virginia y Bill

Masters of Sex

Una de las cosas que más me llamó la atención de la primera temporada de “Masters of Sex” (Showtime) fue la rapidez con la que la serie agotaba sus cartuchos más potentes: en un suspiro Virginia Johnson y Bill Masters, sus protagonistas, estaban dispuestos a tener relaciones sexuales entre ellos por amor a la ciencia, y al final del primer período de la ficción, un azorado Bill se plantaba delante de la puerta de Virginia para confesarle que no podía vivir sin ella. Aunque no parece una opción desacertada -¿cómo enfocar la investigación de dos pioneros que rompieron todos los tabúes para descubrir los secretos de la sexualidad, y traspasaron límites profesionales que aún a día de hoy parecerían para muchos políticamente incorrectos?-, uno de los miedos fundamentales vinculados a este ritmo dinámico era el hecho de que la ficción se desinflase demasiado pronto después de la primera temporada.

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