“El taller de escritura”: la incertidumbre juvenil enfrentada a una realidad que les asfixia

eltallerdeescrituraJuventud sin esperanzas. Juventud sin ilusiones. Una generación milenial pegada a las redes sociales, a los móviles y absorbida por su propia alienación. En la nueva película de Laurent Cantet se nos muestra que otra juventud es posible, trasladada en este caso a la situación actual de la juventud francesa multi: racial, cultural y religiosa. Y pasando claro está por una catarsis de imprevisibles consecuencias.

Estrenada en nuestros cines el pasado 18 de mayo, “El taller de escritura” fue una de las películas incluidas en la Sección Oficial de la pasada edición del Festival de Cine Europeo de Sevilla. En este film Cantet nos traslada a La Ciotat, sur de Francia, ciudad cercana a Marsella de pasado industrial glorioso, que ha vivido mejores épocas. En tiempo de crisis, la ciudad ha perdido su esplendor y el desempleo y el desencanto campan a sus anchas, sobre todo en una población joven que ve su futuro con incertidumbre y desesperanza. La forma que tiene en este caso el director francés, de enseñarnos esta situación extrapolable a otros lugares no sólo de Francia, es mediante un taller de escritura al que acuden un grupo de jóvenes separados por la raza, la religión y el estatus social. Impartido por una famosa escritora (Marina Fois), el proceso creativo (en este caso de un thriller policiaco ambientado en su ciudad) y la rebeldía de un joven díscolo provocara que las diferencias apenas intuidas se manifiesten y se produzca el debate, la confrontación y el análisis del momento que viven los jóvenes actualmente.

Esta historia se aleja del dinamismo, la energía y el optimismo que desprende el documental “Speak up” (que también se pudo en el SEFF 17), donde la cámara sigue a unos jóvenes de diferentes razas, religiones y status sociales prepararse para competir en un concurso de oratoria. En la película de Cantet hay tensión, una amargura subyacente, un estado de desanimo que les acompaña en la primera parte del metraje. Son jóvenes de diferentes razas, religiones y status sociales pero que no se llevan bien, ni entre ellos ni con ellos mismos. Ni siquiera quieren estar en ese taller de escritura. Y sin embargo, algo va cambiando. Algo que viene provocado por el joven Antoine que sirve como desencadenante de la acción y el debate.

La película puede tener (seguro que cada uno las tiene) diversas interpretaciones pero destaca sobre todo por como retrata a una juventud que busca su sitio en un momento en el que no hay sitio para nadie. El grupo de jóvenes que asiste al taller, realmente no quiere estar allí. Pero curiosamente no será por la implicación de la escritora de éxito sino por la actuación de uno de ellos, el mencionado Antoine, lo que provoque algo cambie en la forma de pensar y de actuar estos jóvenes. Alejándolos de lo políticamente correcto, forzando el debate, desafiando el pensamiento único, enarbolando la palabra como antítesis del silencio complaciente.

eltallerdeescritura2Porque es Antoine el que hacer ver tanto a sus compañeros como a la famosa, complaciente y exitosa escritora que no todo es blanco y negro. Es él, un joven con una gran sensibilidad artística, pero que no es precisamente políticamente correcto quien hará  que la novelista cuestione la autenticidad de su obra. Viendo como sus éxitos están vacíos de verdad y están alejados de la realidad que ella cree conocer. Y será a través de Antoine, que alberga en su interior una profunda frustración, al no encontrar su espacio, un lugar que lo llene como ser humano, como se dará cuenta que quizá el camino que ella había realizado (supuestamente de éxito y realización personal) no es el que ella creía.

Es curioso descubrir que leyéndome se podría pensar que estamos ante una de esas películas llenas de discursos sesudos sobre política y filosofía evangelizadora. Pero nada mas lejos de la realidad. “El taller de escritura” es una película en la que por supuesto hay debate, pero también hay autenticidad. No hay mentes salvadoras llenas de palabras vacías sino jóvenes que van descubriendo su propia voz. Y en concreto Antoine, en una especie de compendio de esa juventud que no sabe que hacer con su vida, será el que se convierta en el punto de inflexión de una historia que nos hace ver que la realidad es el motor del arte y no al revés. Y que esa realidad, nos permite a través del arte que todos (jóvenes y tan jóvenes) expresemos nuestros sentimientos, nuestros miedos y que seamos  capaces que nuestras ilusiones salgan a la luz.

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