SEFF 17 | “Tierra de Dios”: Una historia de amor y de esperanza

tierradediosseff17Ya casi termina el mes de noviembre, llueve como si no hubiera un mañana y aún tengo en la recamara bastantes críticas sobre lo proyectado en el pasado Festival de Sevilla. Hoy, con la cabeza llena de ideas me gustaría hablaros de “Tierra de Dios”, debut en la dirección de Francis Lee y que ganó el Premio a Mejor Opera Prima en el SEFF de este año. Alejada de toda sofisticación, “Tierra de Dios” es un canto al amor que no distingue entre raza ni sexo.

El film de Francis Lee nos traslada al norte de Inglaterra para conocer a Johnny (Josh O’Connor), un joven que se ha visto obligado a llevar las riendas de la granja familiar tras sufrir su padre un derrame cerebral. Con ellos vive su abuela Deirdre que se ocupa de las tareas de la casa pero que no puede hacerse cargo ella sola del cuidado de su padre, lo que conlleva una doble carga para Johnny. Las borracheras y el sexo casual con algún chico (sí, es homosexual) son lo único que le distraen de una vida de soledad y frustración. Después de que un ternero de la granja muriese durante un parto en el que Johnny no estaba, su padre decide contratar a alguien para que ayude a su hijo con el trabajo diario. Es así como Johnny conoce a Gheorghe, un joven rumano con el que chocará frontalmente pero que poco a poco le hará descubrir que debajo de su fachada de resentimiento y frustración hay espacio para el amor y la esperanza.

Básicamente “Tierra de Dios” es una historia de autodescubrimiento y autoaceptación. Y no, no es “Brokeback Mountain”. Bueno vale, hay una pareja y son homosexuales. Y sí, hay ovejas a las que tienen que cuidar. Pero no, no se parece en nada a la película ganadora de tres Oscar. Como bien dejó claro Francis Lee en la rueda de prensa del Festival, el parecido con el galardonado film de Ang Lee se acababa ahí. En “Tierra de Dios” no hay matrimonios para mantener las apariencias, ni paisajes bucólicos, ni puestas de sol que inviten a la ensoñación. Al contrario, en el film del director británico hay dolor, hay sufrimiento para llegar al amor y, hay un paisaje que forma parte de la historia, pero no como distracción sino como parte integrante de la misma. No hay planos abiertos que nos muestren el paisaje donde los protagonistas se encuentran como es habitual en otras películas. Aquí, los encuadres son realizados de forma intimista provocando la cercanía del espectador con respecto a las interacciones entre los personajes.

No hay concesiones a la galería. “Tierra de Dios” es una película de hechos más que de palabras. Aunque las hay, no determinan el devenir de la historia, ya que el film es parco en diálogos. Mostrándonos una historia viva, de personajes que quieren encontrar su lugar en el mundo. Y el director lo hace tomando como punto de apoyo a la naturaleza que rodea a los dos protagonistas y que sirve como reflejo de la pasión que desprenden ambos (su punto fuerte es la química que los dos protagonistas desprenden). Aprovechando también para evidenciar la homofobia y el racismo que existe también en el mundo rural. Todo ello plasmado, como digo, en un ambiente hostil, donde no existe la banalidad sino la cruda realidad.

Estrenada en nuestros cines el pasado 24 de noviembre, “Tierra de Dios” nos ofrece a los espectadores poder ver una historia dura sí, pero que demuestra que siempre hay luz al final de túnel, aunque el camino sea duro. A través de una historia de amor, seremos testigos de la odisea de un joven frustrado por su vida diaria y como llega a descubrirse a sí mismo como una persona con sentimientos y capaz de amar y ser amado. Una historia sencilla, a veces amarga, a veces dura, pero con un final que invita al optimismo.

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