#SEMINCI2017 | “Bajo el árbol”, de árboles, perros, gatos y vecinos

Bajo-el-arbol¿Os acordáis de que ya dejábamos entrever el tema de la estupidez humana en “El insulto”? La última película comentada de la 62º edición de la SEMINCI. Bueno, pues aquí tenéis un tema recurrente en una mañana de jueves semincitera. En este caso, aquello que desemboca la locura no es una tubería, fuimos un paso más allá, nos enfrentamos a un árbol.

Inga (Edda Björgvinsdóttir) y Baldvin (Sigurður Sigurjónsson) son un matrimonio tranquilo, quienes viven en una zona residencial, aún con el duelo de la muerte de uno de sus hijos. De hecho Inga no acepta esta muerte, ya que no vio el cadáver.  Su relación con sus vecinos era buena y cordial, pero Konrad (Þorsteinn Bachmann), el vecino,  se ha casado en segundas nupcias con una mujer mucho más joven que él, a la que Inga no soporta – y no duda en dejárselo claro en todo momento–, entre otras cosas porque se queja de su árbol. A Eybjorg (Selma Björnsdóttir), la nueva vecina, le gusta tomar el sol, y “no puede” – yo creo que si fuera moviendo la tumbona un poco no sería tan difícil, pero bueno–,  porque el árbol de sus vecinos da una gran sombra en su jardín. Y este “gran problema” es lo que crea la gran disputa, que se les va de las manos a una velocidad sorprendente.

Según su autor, el director Hafsteinn Gunnar Sigurosson, el tema de los árboles en Islandia es una cosa muy sería, por un lado, porque hay pocos, por lo tanto la gente que los tiene hermosos y saludables los defiende a muerte, y por otro lado, es que los jodidos dan sombra, y en un sitio donde el sol brilla por su ausencia, pues es un problema. Así que tenemos una típica disputa vecinal,  multiplicada por mil.

¿Os acordáis de “La guerra de los Rose”? Finales de los 80, pues “Bajo el árbol” tiene un tono muy parecido, aunque los islandeses, en un principio, parecían gente más tranquila y de paz que Kathleen Turner. Parecían. La película habla de lo increíblemente malos que podemos ser los seres humanos, unido a una estupidez delirante, que junto con una violencia desquiciada, nos puede hacer perder el punto importante de lo que somos, aunque en un principio toda esta tontuna nos pueda parecer divertida. Lo cierto es que alguno de los puntos de la película son muy divertidos en su tontería.

bajo-el-árbolPara eso podemos hablar de la historia del hijo, del hijo “vivo” de Inga y Baldvin, Atli (Steinþór Hróar Steinþórsson). Atli una noche se aburre y no se le ocurre otra cosa mejor hacer que ponerse a ver un vídeo porno y a masturbarse en el salón de su casa, con la puerta abierta, a unos pasos de su mujer y de su hija pequeña, pero lo mejor es que el vídeo porno es de él con una antigua novia.

A nivel de estupidez, así, de 0 a 10, yo le podría un 11. Y es que además se sorprende de que su mujer le pille, lo niega, pone cara de tonto, y le extraña que su mujer le eche de casa. No estoy a favor de la violencia, y más después de ver esta película, pero un par de collejas se las tenía bien ganadas, por tonto. Cierto es que Agnes (Lára Jóhanna Jónsdóttir), visto el percal, va más allá y cree que Atli tiene una aventura con su ex, porque realmente guardar un video porno con una ex cuando estas “felizmente” emparejado, como que no parece una opción muy plausible.

La cosa es que el hombre se tiene que volver a casa de sus padres y se encuentra con todo el lío del árbol, que así de primeras le da un poco lo mismo, porque realmente tiene problemas más serios. Agnes no le deja ver a su hija, cosa que realmente está muy mal, porque puede ser un pendejo de pareja, que se merezca dos collejas, pero la niña no tiene la culpa y quiere a su padre. Solo que la otra, esta de mala hostia, se siente herida, ofendida y cree que su ex, es el demonio sin cuernos.

Y todo esto ¿para qué?, porque esta es una película rara y tiene reflexiones súper profundas, sin ningún tipo de sutileza, eso sí, te lo deja todo clarito, mientras se mueve alrededor del surrealismo más gore, y realmente es muy gore cerca del final, y es que ves desde el principio que aquello va a acabar mal. Tan claro lo tiene el director, o los distribuidores, o quien sea, que ni se priva de mostrarlo en los tráileres, o en la reseña de la revista oficial de la SEMINCI.

Así que ojo, spoiler y moraleja. Los gatos caseros también se van de casa, por mucho que no lo quieras y te den un susto horrible. Los gatos cuando están en celo, o a veces sin estarlo, se largan de casa en cualquier oportunidad que encuentran, y vuelven, si no se pierden, o les pasa algo, en cuanto les da la gana. Y eso lo sabe todo dueño de gato, así que si odias a tu vecino, no lo pagues con su perro.

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