#SEMINCI2017 | “Hikari”, yendo “Hacia la luz” se quedó a medio camino

Hikari-Hacia-la-luzOtra directora que ha vuelto a la Sección Oficial de la 62º edición de la SEMINCI, tras un tiempo de ausencia, ha sido la japonesa Naomi Kawase. Quien, de nuevo, ha traído con ella dos personajes asociales y con problemas emocionales quienes buscan la luz, metafórica y literalmente, al final del camino.

Creo que la palabra que mejor puede definir mi reacción/relación con esta película es la de decepción, pero tal vez solo sea mi culpa. Mis expectativas eran altas, esa es la verdad, muy altas, tal vez demasiado.

La historia me parecía interesante y original, diferente, sin salir de la sinopsis. El cruce de caminos de una chica audiodescriptora de películas para personas ciegas (ni siquiera sabía que esa profesión existiera) y un famoso fotógrafo que está perdiendo la visión es una premisa muy prometedora. Hasta un poco desconcertante. Parecía algo nuevo, lo que ya es mucho decir a estas alturas. A parte de, ¿Qué historia quieren contar ahí? ¡¡Tantas oportunidades!!

Por otro lado, la directora de la película era Naomi Kawase, quien me encandilo de lo lindo hace dos años, en la 60º edición de la SEMINCI, con la deliciosa “Una pastelería en Tokio”, preciosísima en sí misma. A parte, de que la directora había vuelto a contar con Masatoshi Nagase, como protagonista masculino, lo cual parecía una garantía, aunque cierto es que en “Una pastelería en Tokio” la que destacaba sobre todos los demás era Kirin Kiki.

Y si todo esto fuera poco, la película duraba 101 minutos, 12 minutos menos que su antecesora, 12 minutos que desde mi punto de vista le sobraban a su antecesora.  Aprendiendo de los errores. ¡Bien! Visto lo cual todo hacía presagiar amor al primer fotograma, estaba emocionada, pero no, no hubo amor. Un querer y no poder.

Que no es que la película sea mala, es que se hace lenta, y larga, y no tienes muy claro la mitad de las veces hacia donde se dirige la historia, o el hilo que estás viendo en ese momento. A ver, sientes en lo más profundo del alma el dolor de Masaya Nakamori (Masatoshi Nagase), eso está clavado, el dolor, la ira, la frustración de ir perdiendo poco a poco el sentido, que ha dado sentido a tu vida. Se está quedando ciego y es lo peor, y lo sientes, y es doloroso. Y luego está Misako Ozaki (Ayame Misaki) que tiene constantemente una mirada de ciervo asustado que repele, aunque tal vez no es culpa suya, si no de los planos interminables con su mirada de ciervo asustado.

Sin embargo, creo que para mí el mayor problema es que la pareja no tiene química, sus caminos se cruzan, sí, casualidad, azar, guion… pero no hay química de ningún tipo, por ningún lado, no hay UST, no hay coleguismo, ni amiguismo, no hay feeling, ni buen rollo, ni siquiera malo y si obviamos que Misako tiene claros problemas con su padre, realmente no comprendes el porqué se queda al lado de Masatoshi. ¿Es todo por una foto, por el complejo de Electra, por qué es buena y desinteresada?

Por otro lado, se nota el cuidado estilo de Naomi Kawase en toda la obra, su toque, sus elecciones de plano, las largas secuencias tranquilas (hasta de vez en cuando tenemos planos de copas de árboles moviéndose, pero no son cerezos), los planos cortos desgarradores, una fotografía preciosa y trabajada. Como en su anterior obra, se intenta recrear, de nuevo,  en la propia belleza de las imágenes y de la historia, pero esta no es una historia bella, es desgarradora, y tal vez debería de haberla intentado contar de otra manera, o tal vez no. Si quieres averiguarlo por ti mismo, se estrena, según lo previsto, el 17 de Noviembre.

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