“La suerte de los Logan”: Soderbergh vuelve en forma

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La suerte de Los logan constituye el regreso de Steven Soderbergh al cine, después de un fructífero paréntesis en el mundo de las series (la infravalorada The knick) y a un género que domina como nadie, el de la comedia de atracos. Aunque como ha sido habitual en el director, la comedia no es más que un divertido pretetxto para hacer lo que mejor se le da a Soderbergh. La radiografía de la sociedad americana a través de los géneros cinematográficos.

En La suerte de los Logan tenemos la historia de dos hermanos cuya suerte siempre les ha sido esquiva, lo que les ha enseñado a afrontar la derrota y asumirla con naturalidad. Además ambos tienen taras físicas que les impiden realizar trabajos para los que están cualificados. Con estos mimbres Soderbergh nos presenta unos antihéroes con los que es difícil no empatizar, ya sea por el buen trabajo de Channing Tatum y Adam Driver o por el acierto en el tono con el que se nos cuenta esta historia de perdedores. De por medio habrá un atraco alrededor de la recaudación de la Cocacola 600, la carrera más famosa de la Nascar, uno de los deportes estrella del sur americano.

Si en la saga Ocean´s teníamos golpes complejos, cuya mayor virtud era enlazar golpes de guión para hacernos ver a Clooney y cia como los más listos del lugar, en La suerte de los Logan tenemos el reverso formal a este planteamiento. Aquí el golpe no es lo más importante. Tampoco lo más complejo o brillante. Ni siquiera es lo más divertido. Aquí tenemos una historia más humana con un personaje, el de Tatum, construido en torno a valores férreos. Un antihéroe del sur, blanco en doble concepto. Un retrato diferente de lo que ya es un cliché: el paleto sureño o redneck.

Con un plantel secundario encabezado por un convincente Daniel Craig alejado de sus roles Bondianos o la sorprendente Riley Keough (The girlfriend experience, serie que produce el propio realizador), La suerte de los Logan, distribuida por DeAPlaneta constituye una gran y (menor) vuelta a la pomada de Sodenbergh.

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